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Las reformas políticamente incorrectas de Sarkozy, nuevo presidente de Francia

Nicolas Sarkozy, nuevo presidente de Francia, tiene tras de sí la importante tarea de reflotar la segunda economía de Europa, una de las más productivas, pero también lastrada por el alto índice de desempleo (entre el 8% y 9%), que superan incluso las cifras de Alemania. Además, en un momento de bonanza para el conjunto de la Unión Europea, la economía francesa es una de las que menos progresan, con un crecimiento del 2%. El primer paso es agilizar las instituciones francesas, para lo que Sarkozy ya ha anunciado que reducirá a quince el número de ministerios, la mitad del número actual.

 

Gayle Allard, profesora de Economía del Instituto de Empresa (IE), en Madrid, considera que el primer paso del responsable de la República francesa ha de ser doble con dos reformas simultáneas. Por un lado, ha de emprender una profunda reestructuración del mercado laboral y por otro del sistema de desempleo, cuya facilidad para cobrar una prestación social es un incentivo en un país donde sólo trabaja el 58% de la población. Sarkozy ya ha declarado en varias ocasiones que “Francia tiene que trabajar más”, en una clara oposición a la jornada laboral de 35 horas.

 

En esta misma línea, se expresa Juan Ignacio Sanz, profesor de la facultad de Derecho de Esade, en Barcelona, que considera que las reformas “para empezar a enderezar la economía francesa pasan por trabajo, sacrificio y madrugones”, por lo que Sarkozy tendrá que mantener una línea de contención salarial. “Sólo así podrá ponerse al mismo nivel que Alemania”, apunta el experto. Sin embargo, estas medidas no son muy populares en un país donde los sindicatos, CFDT y CCT, han mostrado su respeto por la victoria de Sarkozy en la segunda vuelta de las elecciones del seis de mayo, pero ya han avisado al presidente de que deberá mantener el diálogo social. Según declaraciones de CFDT a los medios, “el respeto por nuestras organizaciones, la calidad del diálogo y la negociación son elementos esenciales”. Estas advertencias de las dos agrupaciones, que cuentan con más de un millón y medio de afiliados, ponen de manifiesto las dificultades a las que se enfrentará el político a la hora de introducir reformas en el mercado laboral, según todos los expertos.

 

La capacidad de maniobra de Sarkozy también dependerá de la capacidad para formar una mayoría parlamentaria después de las elecciones legislativas, que se celebrarán en junio. Según los últimos sondeos, la Unión para un Movimiento Popular (UMP), el mayor partido de la derecha francesa, liderada por el presidente electo, podría mantener su mayoría con facilidad, dados los problemas internos por los que atraviese el partido socialista tras la derrota de su candidata, Ségolène Royal.

 

Reformas en profundidad

 

Además de las promesas electorales, que pasan por recortes fiscales y reducción de deuda, la mirada de los analistas se centra en la reforma laboral del país. ¿Cómo y cuándo se llevará a cabo? La profesora del IE considera que es difícil saber si se van a producir muchos cambios o no, pero se muestra convencida de que el presidente francés tiene tiempo suficiente para llevarla a cabo, pese a la mala prensa que se pueda generar, porque el periodo de su legislatura es de cinco años, tiempo más que suficiente para recuperar la buena imagen, sobre todo si se logran los resultados esperados. “Aunque políticamente no es viable, Sarkozy tendrá que emprender estas reformas en dos o tres años, como máximo, o ya no podrá hacerlo”, porque el tiempo se le echará encima para emprender la campaña preelectoral. Para Juan Ignacio Sanz, “si alguien tiene la firmeza para emprender estas reformas es Sarkozy”, ya que, hasta ahora, ha demostrado “decisión y carácter, aunque tenga que adoptar decisiones impopulares”, como es el recorte del bienestar de la sociedad francesa, apunta el profesor de Esade. En su opinión, “Sakorzy ha demostrado que es coherente con lo que ha predicado hasta el momento”.

 

Gayle Allard considera que el mercado laboral francés, el único de la Unión Europea que no ha sido reformado, necesita introducir medidas de flexibilidad, lo que incluye facilitar los despidos en un mercado con un exceso de prejubilados, que lastran la productividad del país, mientras que los colectivos más jóvenes se encuentran totalmente desprotegidos, sufriendo las consecuencias de la precariedad laboral con contratos de trabajo temporales y sueldos más bajos. La idea sería equilibrar las medidas de protección, para que no haya colectivos excesivamente blindados -como los trabajadores con varios años de antigüedad- en detrimento de las nuevas generaciones que se están incorporando al mercado laboral.

 

Una reforma en el sistema de prestaciones por desempleo es el otro pilar fundamental para que la economía francesa vuelva a despegar. “Es una combinación mágica”, asegura la profesora del IE. En opinión de esta experta, las facilidades que se dan para poder acogerse a una ayuda por desempleo, como el hecho de poder apuntarse por Internet en lugar de tener que acudir a una oficina y demostrar, de una forma u otra, que se está haciendo algo por encontrar trabajo (como acudir a entrevistas), “son un incentivo para vivir sin trabajar”. Allard recuerda el caso de Dinamarca que, cuando hace unos años reformó el sistema para acogerse al paro, consiguió reducir en más de cuatro puntos porcentuales las tasas de paro. La docente deja claro que reformar no significa eliminar, sino que Francia debería mejorar la gestión de prestaciones sociales para que exista una relación directa con al realidad social y económica del país.

 

Una Francia más liberal en la UE

 

Aunque hasta el momento el nuevo presidente ha acusado al Banco Central Europeo de ser el causante de la debilidad de muchas economías europeas al mantener una divisa fuerte, que encarece las exportaciones, y de preocuparse más por controlar la inflación que de crear empleo, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Joaquín Almunia, considera que Sarkozy puede ser una buena opción para realizar, con el apoyo de otros países, como Alemania, una reforma en las instituciones europeas, necesaria para seguir afrontando la ampliación. Sin embargo, en alguna ocasión, Almunia también se ha mostrado crítico con el presidente francés, recordando que “el BCE es independiente y hay que respetar su trabajo” y asegurando que los problemas estructurales de algunos países se deben más a la falta de reformas profundas que a la política del Banco.

 

El profesor de la facultad de Derecho de Esade coincide, en parte, con estos planteamientos, ya que considera que “Sarkozy hace un buen equipo con la canciller alemana, Ángela Merkel”, que se ha comprometido a relanzar el proyecto de la Constitución Europea en 2008, por lo que sería muy beneficioso que contase con el apoyo de Francia, que votó en contra del tratado. Para trabajar junto a Alemania, Juan Ignacio Sanz considera que el presidente electo es “mucho mejor” que su ex rival socialista, Ségolène Royal. Además, el político supone “una vuelta al liberalismo económico”, algo que puede ser muy beneficioso para revitalizar la Vieja Europa, en la que Francia se ha caracterizado, durante los últimos años, por su intervencionismo. Allard añade que Sarkozy “parece tener una postura menos nacionalista y más realista, lo que beneficiaría mucho a Europa”. Sin embargo, la profesora del IE se mantiene cauta a la hora de analizar el nuevo papel de Francia en la UE, a la espera de que el presidente desvele las líneas de actuación de su programa para Europa.

 

Gusto por la polémica

 

De momento, uno de los primeros pasos del presidente francés ha sido el nombramiento de François Fillon, como primer ministro, uno de sus aliados más moderados, en un intento por ganarse el apoyo social y la colaboración de la izquierda francesa, que ve en este político al ala más dialogante de la derecha, mientras que Sarkozy se ha ganado, durante los últimos años, la fama de hombre polémico. Desde hace cinco años, su gusto por la controversia y sus dotes de comunicador le han llevado a desempeñar el papel de alborotador de la política francesa. A sus partidarios, les gusta recordar que el miembro de la UMP destaca por no haber seguido la tradicional trayectoria de sus padres, al no estudiar en la Escuela Nacional de Administración (ENA). Al final, sus ideas le han convertido en el nuevo presidente de la República francesa.

 

Este parisino, de 52 años y origen húngaro, es titular de una licenciatura en derecho y diplomado del Institut d'Études Politiques de París (más conocido como Sciences-Po). Empezó su carrera política en 1977, cuanto tenía 22 años, como concejal de la ciudad de alta burguesía Neuilly-sur-Seine. A los 28 años, fue elegido alcalde de esta misma localidad. Hábil a la hora de establecer relaciones con personas influyentes, no tardó en ganar la confianza de Jacques Chirac, presidente del partido RPR (Unión Para la República), predecesor de la UMP. Sin embargo, a lo largo de su historia también cometió un importante error. En 1995, apoyó públicamente la candidatura del primer ministro Edouard Balladur, en lugar de la de su mentor y modelo hasta el momento, Chirac.

 

Apartado de las esferas del poder por los amigos del nuevo presidente Chirac, que no perdonó lo que consideró una traición, Sarkozy tuvo que explotar al máximo sus recursos para escapar del callejón sin salida donde se encontraba. Resurgió en el escenario político en 2002, como ministro de Interior del primer gabinete de Jean-Pierre Raffarin (2002-2005), momento en el que emprendió su carrera a la presidencia, reconociendo públicamente que pensaba en su meta política “no sólo cuando se afeitaba”. Se convirtió en el “primer policía de Francia”, ya que valoró el papel de los cuerpos de seguridad, les dio más libertad de actuación y tomó partido por la policía en su lucha contra los delincuentes. El ministro de Interior no tenía pelos en la lengua: prometió luchar contra “la chusma y los gamberros” que aterrorizaban los barrios periféricos, aun a riesgo de provocar las iras no sólo de los delincuentes, sino también de los inmigrantes a los que en más de una ocasión se ha referido. De hecho, sus adversarios políticos le acusaron de haber encendido los disturbios en las afuera en otoño de 2005. Ciertas declaraciones suyas fueron consideradas peligrosas por muchos analistas, ya que, en alguna ocasión, llegó a decir que iba a “limpiar los barrios a manguerazos”. El último episodio de la batalla se vivió en febrero de 2007, cuando Sarkozy hizo votar una ley para la prevención de la delincuencia que reforma un texto de 1945. En diciembre de 2006, había argumentado que la delincuencia actual es diferente porque “en 1946 ó 1947, no había lo que experimentamos hoy, es decir, una concentración excesiva en los barrios sensibles de una juventud, a menudo, de origen inmigrante”.

 

 

Católico o pragmático, Sarkozy acabó con un tabú al querer establecer nuevas relaciones entre el Estado y las religiones. Creó el Consejo Francés del Culto Musulmán. Uno de sus grandes lemas es la rehabilitación de la autoridad, lo que pasa por la tolerancia cero y una mayor dureza judicial. En 2004, fue nombrado ministro de Economía y Finanzas, cargo que abandonó a finales del mismo año, después de ser elegido, con el 85% de los votos, presidente de la UMP. Desde este puesto, considerado estratégico en su ascenso hasta la presidencia, le permitió a Chirca presentarse a las elecciones en tres ocasiones antes de ser elegido. En 2005, Sarkozy volvió a ocupar la cartera de Interior, en el gabinete de Dominique de Villepin, cargo que utilizó para dar un nuevo impulso a su campaña electoral, ya que desde esta posición, ha podido actuar y hablar sobre inmigración y seguridad al mismo tiempo. Ahora se enfrenta al gran reto de iniciar una de las reformas más polémicas y difíciles del país: la laboral, considerado por algunos expertos como un suicidio político en un país donde el poder de los sindicatos es muy elevado.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

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