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La pugna por el liderazgo en el mercado de los smarthphones o móviles inteligentes

Al igual que los sistemas operativos informáticos lucharon por el dominio del mercado en los años 70 y principios de los 80, hoy en día los fabricantes de smartphones o móviles inteligentes se disputan la cuota de mercado con la esperanza de que su mix de capacidades —que permite al usuario, entre otras cosas, navegar por Internet, enviar y recibir correos electrónicos y gestionar su agenda— les garantice un número suficiente de clientes. Lo que los fabricantes de aparatos móviles como la Blackberry, el iPhone y el Treo están intentando evitar es un desenlace parecido al que tuvo lugar anteriormente, cuando una única empresa —Microsoft— se convirtió en líder absoluta del mercado.

 

De hecho, más del 80% de los ordenadores de sobremesa y notebooks del mundo utilizan el sistema operativo Windows, lo que confiere a la empresa un poder de mercado tremendo sobre los desarrolladores de software y los fabricantes de los ordenadores.

 

Tal y como sucede en situaciones en las que la competencia se vuelve más dura, quien sale ganando es el consumidor: el mercado de smartphones está lleno de aparatos inteligentes vendidos a precios cada vez menores. Al mismo tiempo, sin embargo, la integración cada vez mayor entre las redes de móvil, fabricantes de terminales y proveedores de sistemas operativos también actúan como factores de limitación para la elección del consumidor. Quien quiera comprar un iPhone de Apple en EEUU tendrá como proveedor de servicio de telefonía móvil a AT&T. Si alguien estuviera interesado en el Pre, que lanzará Palm, tendrá que cambiar a Sprint.

 

Todo eso pasa en una época en que muchos consumidores utilizan su smartphone como si fuera un PC en miniatura. Los aparatos del tamaño de la palma de la mano “cada vez son más parecidos a los ordenadores portátiles”, observa Gerald Faulhaber, profesor de Negocios y Políticas Públicas de Wharton. Karl T. Ulrich, profesor de Gestión de Operaciones y de la Información añade: “Conozco mucha gente que gestiona su vida por medio de smartphones, inclusive cuando tienen que analizar algún documento o entrar en Internet”.

 

De acuerdo con la empresa de investigaciones IDC, mientras el sector de móviles cayó un 15,8% en todo el mundo en los tres primeros meses de 2009, el segmento de smartphones creció un 4% en ese contexto, incluso con la desaceleración de la economía.

 

Observadores de la industria, y también profesores de Wharton, creen, en general, que el mercado de smartphones ha llegado a un punto decisivo —en el que los aparatos están dejando de ser un producto de nicho para convertirse en un ítem revolucionario del mercado de masas. Lo que no está muy claro es cómo va a evolucionar esa industria. ¿Se reducirá la gran variedad de sistemas operativos móviles —el software responsable de todo lo que los aparatos pueden hacer—a uno o dos?, o ¿la balcanización del software móvil entorpecerá el crecimiento de la industria?

 

Atrapando al usuario

 

De momento, la balcanización ha sido la norma. “La mayor parte de los observadores coincide en señalar que los aparatos pequeños o handhelds, son la próxima gran sensación”, evalúa Kendall Whitehouse, director senior de tecnología de la información de Wharton. “Pero se trata de contextos de proveedores únicos con las mismas barreras a las que se tuvieron que enfrentar los PCs”.

 

En marzo, Apple anunció la tercera versión del sistema operativo del iPhone. Los analistas esperan que la empresa presente nuevas versiones de su popular aparato telefónico en junio, en la conferencia anual de desarrolladores de la empresa. Por la misma época, se espera que Palm lance el Pre, un aparato que recibió muy buenas críticas por su sistema operativo de excelente nivel llamado webOS. Research in Motion (RIM), fabricante de Blackberry, y Nokia, el mayor fabricante de móviles del mundo, también se disputan el consumidor con una avalancha de nuevos productos.

 

En conversación con accionistas y analistas el mes pasado, James Balsille, consejero delegado adjunto de RIM, comparó el ambiente competitivo a una “fuerte disputa por tierras”, una analogía también empleada por David Hsu, profesor de Gestión de Wharton. “Para esas empresas, lo ideal es que su smartphone sea el preferido de la próxima generación de aparatos de ese segmento. Logrado esto, se puede considerar al usuario atrapado”.

 

La expresión se refiere a la práctica de exigir a los usuarios que utilicen el hardware y el software de un conjunto predeterminado de proveedores. Apple consiguió eso con el iPhone y la App Store. La clientela del fabricante utiliza sólo las aplicaciones disponibles en la tienda online de la empresa. Si el nuevo Palm Pre exige una aplicación específica, los usuarios del iPhone que quisieran adquirirlo tendrían que cambiar de terminal y también de proveedor de servicio de telefonía inalámbrica — en este caso, AT&T, proveedor exclusivo de Apple—, cambiando al socio de Palm, Sprint.

 

Otras empresas están adoptando una estrategia más abierta, es decir, están trabajando en un sistema operativo que puede ser usado en aparatos de fabricantes diversos. Es el caso del Symbian, de Nokia; el Android, de Google; y, por supuesto, el Windows Mobile, de Microsoft. La idea es vencer por la ubicuidad: ganar participación de mercado gracias a la utilización en marcas diversas de smartphones.

 

Según Hsu, aún es muy pronto para señalar a un vencedor. El iPhone de Apple tiene millones de usuarios debido a su atractiva interfaz y a la integración con el software iTunes, de la empresa, pero los competidores son muchos. La empresa de investigaciones Gartner observa que son incontables los sistemas operativos que luchan en el mercado móvil. Symbian, sistema operativo de Nokia, terminó 2008 con un 52,4% del mercado mundial de smartphones. Pero su tajada de mercado, en 2007, fue del 63,5%. En 2008, el sistema operativo de las Blackberry, de RIM, tuvo un 16,6% de participación de mercado seguido por Microsoft, con un 11,8%; el iPhone, de Apple, tuvo un 8,2% y Linux, un 8,1%.

 

Se espera una fuerte competencia en las primeras etapas de un mercado en crecimiento, según explican los profesores de Wharton. “Generalmente, en las primeras etapas del ciclo de vida de una industria, se observa la entrada de numerosas soluciones rivales. No todas sobrevivirán, pero eso no significa que un nuevo competidor no pueda establecerse en ese escenario”, dice Ulrich. La oportunidad de entrada tardía sale al encuentro de los planes de Palm, que hace tiempo actúa en ese mercado, pero está apostando por la introducción de un nuevo tipo de sistema operativo, webOS, para que sea usado en el Pre, su nuevo y tan esperado smartphone.

 

“Creo que el mercado está muy lejos aún de la madurez”, observa Kartik Hosanagar, profesor de Gestión de Operaciones y de la Información de Wharton.

 

La importancia de las aplicaciones

 

¿Qué determinará en última instancia el destino de esos numerosos sistemas operativos? Hsu y Ulrich creen que el número de aplicaciones usadas en un sistema operativo va a separar a los ganadores de los perdedores. “El principal diferenciador será la disponibilidad de aplicaciones existentes”, dice Ulrich. “Los aparatos parecen estar convergiendo en la dirección de dos estrategias básicas: pantallas sensibles al tacto mayores y aparatos dotados de teclado con pantallas menores. Los mejores aparatos en esas categorías son bastante parecidos. El número de aplicaciones que funcionan en el iPhone hacen de él el aparato preferido en la categoría de sensibilidad al tacto”.

 

Pero muchos operadores inalámbricos, como T-Mobile, y fabricantes de terminales, entre ellos Motorola, apuestan por el sistema operativo Android, de Google, que tendrá que ser usado en los smartphones de fabricantes diversos, así como el Windows en el mundo del PC. Sanjay Jan, consejero delegado de la combativa unidad de aparatos móviles de Motorola, dijo a los analistas el mes pasado que el Android ha despertado bastante “interés en los desarrolladores”.

 

Los proveedores de smartphones creen que si conquistaran a los desarrolladores, los clientes vendrán después. Por eso, los fabricantes de sistemas operativos para smartphone lanzaron tiendas de aplicaciones para competir con la App Store, de Apple. Nokia, por ejemplo, inauguró las actividades de su tienda de aplicaciones para móvil a finales de la semana pasada, empezando en el extranjero. De acuerdo con el Washington Post, la primera descarga de Nokia —WorldMate, un asistente de viaje— se compró en Singapur, mientras que en España, la primera descarga hecha fue la de la aplicación Flashlight, que es gratuita. En EEUU, fue AP, la aplicación de noticias. Los ringtones Star Trek, patrocinados por Nokia, tuvieron muy buen recibimiento en todas partes.

 

Las tiendas permiten a los desarrolladores de software distribuir programas y obtener un porcentaje—del 70%, en muchos casos— de los ingresos. El objetivo: hacerle la competencia a la tienda de Apple. El mes pasado, Apple anunció que se  habían bajado de su tienda más de mil millones de aplicaciones en los primeros nueve meses de funcionamiento.

 

Aunque la competencia esté produciendo buenos retornos para el consumidor, Whitehouse advierte que la industria podría tener que enfrentarse a los mismos problemas de interoperabilidad que persiguieron a la industria del PC. “Cada fabricante tiene su propio sistema operativo, aparato y tienda de aplicaciones. Volvemos al punto en que el consumidor tiene que escoger el jardín vallado en el que desea vivir. Estamos dispuestos a revivir la fragmentación que tuvo lugar en el pasado con el PC”.

 

Whitehouse explica que no está defendiendo la predominancia de un sistema operativo específico. Para él, los fabricantes de smartphones necesitan prestar más atención a la interoperabilidad entre los aparatos. Es preciso facilitar el trabajo de los desarrolladores, responsables de la creación del software que funcione en sistemas operativos diversos. “La industria del PC ha evolucionado y hoy se encuentra en una situación muy buena en la que el consumidor tiene varias opciones donde elegir. Los desarrolladores no están obligados a escoger entre un sistema operativo u otro a la hora de pensar sus proyectos”.

 

Faulhaber dice que la preocupación por la interoperabilidad es exagerada. “Hay mucho más diversidad en el mundo de la telefonía móvil de los smartphones que en el mundo del PC. Eso, sin embargo, no parece tener mucha importancia. No creo que haya tanta demanda de interoperabilidad actualmente”.

 

La mayor parte de los sistemas operativos móviles pueden leer los patrones tradicionales de Internet, como es el caso del lenguaje HTML, del PDF y formatos comunes de imágenes. “En la medida en que el sistema operativo sea capaz de satisfacer esos patrones tradicionales, la necesidad de interoperabilidad dejará de ser un problema”, dice Faulhaber.

 

La solución para la batalla de los smartphones también dependerá de la evolución de los aparatos, según explican los profesores de Wharton. Si, por ejemplo, el smartphone evoluciona de tal modo que se parezca cada vez más al ordenador portátil — o con sus primos menores, los netbooks — cuestiones como la interoperabilidad y la selección de aplicaciones se volverán más importantes.

 

Tim Cook, director de operaciones de Apple, dijo el mes pasado que los smartphones van a competir cada vez más con los netbooks, una categoría de producto que él descarta y considera malo. “Las personas que quieren un ordenador pequeño [...] con el que puedan navegar por Internet y enviar y recibir correos electrónicos podrán acabar optando por un iPod Touch o tal vez por un iPhone. Tenemos otros productos que hacen lo que las personas que compran netbooks esperan de ellos”.

 

Lo que Cook describe es el primer paso para la convergencia de los mercados del smartphone y del PC, dice Hosanagar, indicando con eso que la evolución reciente de los smartphones, aliada a la popularidad de los netbooks, “señala el inicio de una convergencia entre los mercados de handhelds inalámbricos y los del PC”.

 

Whitehouse también cree que los smartphones deberán permitir una navegación de mejor calidad por Internet, además de que puedan hacer funcionar las aplicaciones de Internet que se utilizan normalmente en PCs. “De momento, es muy difícil hacer cualquier cosa que vaya más allá de aplicaciones rudimentarias en un navegador de smartphone”, observa Whitehouse. “Hay motivos para eso: limitaciones del aparato, tiempo de vida de la batería y procesadores más lentos. Pero esas barreras están cayendo lentamente”.

 

Si los navegadores de los smartphones mejoran, será posible resolver la dificultad impuesta por la interoperabilidad, dice Whitehouse. Actualmente, los navegadores de los aparatos portátiles son parecidos a los de los ordenadores de los años 90, que tenían diferentes capacidades. Con el tiempo, esas diferencias fueron disminuyendo, creando una plataforma más homogénea entre los diferentes navegadores y sistemas operativos. Whitehouse espera que los navegadores de los aparatos móviles sigan una trayectoria semejante de convergencia en lo que se refiere a sus principales características.

 

Poco importa cómo evolucione la tecnología, todo indica que, de momento, el consumidor tendrá que escoger entre incontables sistemas operativos y aparatos. Aunque el número actual de sistemas operativos avance hacia la consolidación — Hsu ve poca oportunidad de éxito para el webOS de Palm—, la industria deberá ser regida por la elección, ya que ninguna plataforma ha mostrado su capacidad de satisfacer a todos.

 

“Ningún sistema operativo atiende sólo a las necesidades de los consumidores, empresas y desarrolladores”, dice Hosanagar. “Hoy, las aplicaciones disponibles en los sistemas operativos son también muy diferentes. Algunas ofrecen mayor seguridad y criptografía de mejor calidad, mientras otras ofrecen otros ítems más vanguardistas o interesantes. Todo eso muestra que el mercado todavía está dando sus primeros pasos. Al final, esa diferenciación va a disminuir. Espero que el mercado se consolide”.

 

Los operadores móviles y los fabricantes de aparatos quieren tener a su disposición el mayor número posible de sistemas operativos, porque temen volverse dependientes de una única empresa, principalmente de Microsoft, dice Faulhaber. “Para el segmento inalámbrico, la existencia de una plétora de sistemas operativos es una forma de mantenerse libre de las zarpas de Microsoft. Symbian y Android fueron desarrollados, en parte, en respuesta al predominio de Microsoft en el segmento del PC”.

 

Para Faulhaber, eso es bueno, ya que los smartphones no necesitan, necesariamente, seguir el modelo del PC. “Se trata de aparatos de uso mucho más personal. El consumidor escogerá simplemente aquel que mejor atienda sus necesidades”.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

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