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La capacidad de supervivencia de las pymes argentinas frente a la crisis

La reciente frase del flamante presidente de Estados Unidos, Barack Obama, “Actuemos rápido para que la crisis no sea una catástrofe histórica”, no es muy alentadora para este 2009 que comienza. Sobre todo al tratarse del país más influyente del planeta, que desde que entró en recesión perdió más de 3 millones de empleos. Frente a este panorama, que tiene fuertes implicaciones internacionales, países como Argentina no están lejos de sufrir los coletazos del caos.

 

De hecho, tiene que añadir a su realidad severos problemas internos: la desaceleración de la economía, que durante la segunda mitad de 2008 creció un 7,1%, la menor tasa de los últimos 6 años, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos; la crisis de sectores clave como el rural, que perderá más de 12.000 millones de dólares como consecuencia de la sequía y la bajada de precios; la caída del consumo y la posibilidad de que los despidos aumenten. Según datos oficiales, el desempleo actual en el país alcanza el 7,3 %, mientras que estudios oficiales dicen que, en 2009, podría llegar a los dos dígitos. De hecho, algunas fábricas ya han despedido a parte de su personal ante el descenso de la actividad o han adelantado las vacaciones de sus empleados.

 

Por otro lado, ha caído la compra de autos, electrodomésticos e inmuebles, por eso el Gobierno lanzó planes para fomentar el consumo a través, por ejemplo, de los planes de canje de neveras y hornos; y la financiación de autos de kilómetro cero.

 

Pero el sector productivo más afectado es el de las pequeñas y medianas empresas (pymes), que genera casi el 90% del empleo total registrado en el país. Si bien no hay cifras concretas, la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional (Sepyme) calcula que hay 1.550.000 pymes activas, de las que el 71% está radicado en la provincia de Buenos Aires. El organismo clasifica a las pymes según las ventas anuales promedio de los últimos tres ejercicios, siendo diferente el corte de acuerdo al sector al que pertenezca la firma. Así, una empresa de servicios que factura menos de 135.000 dólares se considera microempresa; mientras que una firma de la construcción que genera ventas de menos de 7 millones de dólares está clasificada como mediana empresa.

 

Por eso, los desafíos para las pymes en 2009 forman una larga lista, que se podrían resumir en las opiniones de especialistas como Enrique Déntice, investigador de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM): “Cuando todos los sectores ven una demanda en contracción, una tasa de interés doméstica alta (de al menos un 20%), precios que no dan margen y claro, menor rentabilidad, los desafíos son importantes. Se puede inferir que incertidumbre y desconfianza actuarán difiriendo proyectos de inversión, con lo cual la rentabilidad se sentirá aún más golpeada, haciendo que la propia financiación tenga un peso muy alto para el desarrollo”, sostiene.

 

Desde el punto de vista de Jorge Colina, investigador de la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina (UBA), los problemas se presentarán tanto en pymes exportadoras como en las que trabajan para el mercado local: “El ciclo de la economía argentina depende fuertemente del ciclo del comercio internacional. Las estadísticas respaldan la noción de que a la Argentina le va bien cuando el contexto internacional es favorable, y viceversa. En este sentido, cuando el comercio exterior posibilita la expansión de la economía se benefician todas las empresas, y cuando las condiciones externas se vuelven adversas la caída de ventas se produce para ambas. Por esto, con recesión, ambas quedan afectadas”. Colina añade que “el desafío es definitivamente enfrentar con relativo éxito la caída de las ventas sosteniendo los clientes y buscando nuevos”.

 

Esta realidad puede palparse en el caso de IBL, una pyme de Buenos Aires que brinda servicios de logística desde 2001 a la industria y la agroindustria. Para José María Kugler, consejero delegado de la compañía, sus prioridades serán sostener clientes y buscar nuevos, así como aprovechar las oportunidades que otras empresas en problemas dejen. “Nuestra empresa se encuentra en un período de crecimiento tanto en ventas como en capacidades operativas. Esto significa que, utilizando la estructura actual de base, vamos a incorporar bienes y tecnología que nos permitan usar al máximo nuestra capacidad como así también bajar la incidencia de costos fijos”, relata.

 

En concreto, en IBL buscarán “lograr una mejor utilización de la estructura fija, incorporar bienes para aumentar la capacidad de almacenamiento por Centro de Operaciones, eliminar gastos no críticos, incorporar personal clave y darle un fuerte impulso al área comercial”.

 

El rol del Gobierno

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que venía de un primer año difícil de Gobierno marcado por, entre otros problemas, el conflicto por las retenciones al campo (que comenzó el 11 de marzo y duró más de 100 días), que surgió por la pretensión del entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, de subir la alícuota de un 35% fijo de retenciones a las exportaciones agrícolas a un 44% móviles según fluctuaran los precios internacionales de los commodities. Por otro lado, la presidenta también se tuvo que enfrentar a casos de corrupción, como el destape de la valija de 800.000 dólares que había llegado ilegalmente para la campaña presidencial; problemas sindicales con constantes reclamos de aumentos salariales y la caída en el sistema financiero, por lo que comenzó el 2009 con una estrategia agresiva integrada por diversos anuncios.

 

Una de las primeras medidas fue la creación de un Ministerio de la Producción, destinado a paliar la crisis empresaria y fomentar inversiones, sobre todo hacia las pymes. Otra decisión importante fue la designación de unos 170 millones de dólares de fondos de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) para el otorgamiento de créditos accesibles para pymes, consumo y prendarios (automóviles). Este dinero se licitó entre bancos públicos y privados, pero hasta ahora los resultados no son muy visibles ya que son pocas las personas o las empresas que se han acercado a consultar, o que han tomado la decisión de tomar un crédito.

 

En opinión de Déntice, “las medidas adoptadas por el Gobierno son necesarias pero aún se perciben como insuficientes. De hecho, se dirigen más al final de la cadena productiva que a apuntalar el desarrollo y las problemáticas internas de las empresas. Sin embargo, para evaluarlas, el tiempo de aplicación aún es muy breve y ése es el compás de espera que lleva el sector. Las expectativas de las pymes estarán entre esperar y mirar, sobre todo para ver qué harán las grandes empresas”.

 

Asimismo, Colina sostiene que no es tan importante mirar cuán focalizadas en las pymes están las nuevas medidas, “que son transitorias. El análisis debería mirar cuán efectivas pueden ser las medidas para mantener el nivel de actividad. Para una pyme, un crédito promocionado es insuficiente si las ventas caen o los costos se descontrolan. Por ello, lo importante es cómo sigue la actividad económica general y cuáles son las condiciones generales de la producción donde aquí es fundamental el tema laboral e impositivo (ya sea con baja en cargas sociales para las empresas o reducción de impuestos), más que las medidas sectoriales”.

 

Como consejero delegado de IBL, Kugler está justamente preocupado por el ritmo económico, que es clave a la hora de planificar negocios. “Creo que la crisis internacional y local afectará mucho en el primer semestre. Entendemos que en determinados sectores en los que actuamos la crisis será pasajera, sin embargo en otros será muy profunda y continuará en forma prolongada. Deberemos estar muy atentos en seguir aquellos sectores industriales que se mantengan con vigor”. Con respecto a las medidas propuestas por la administración Kirchner, Kluger piensa que son interesantes y serían muy útiles “si realmente se llevaran a cabo, sin embargo vemos que hay una incapacidad operativa del Gobierno de llevar a lo concreto y en forma rápida las políticas definidas”.

 

Objetivos en el corto plazo

 

Mientras el mercado espera mejoras en la economía global y local, por ahora las decisiones son en el corto plazo. También hay que tener en cuenta un año con elecciones legislativas en Argentina, un hecho que, según los expertos, podría atrasar decisiones en las empresas, tanto de inversión como de contratación de nuevo personal.

 

El investigador de la UNSAM sostiene que “para el corto plazo, los empresarios pymes se orientarán a poseer un capital de trabajo que no dependa del crédito bancario que es caro y escaso. Una revisión muy profunda de quién es quién en la clientela, para fortalecer la relación con los mismos; sin por ello dejar de ver la relación de crédito y cobro. Los inventarios jugarán un papel relevante en cuanto a su peso en la estructura económico financiera. Y la relación con los proveedores se debe asumir de ida y vuelta –cuánto dependo de que le vaya bien a mi proveedor – en cuanto a la cadena de pago. Mientras que las promociones se perciben como el elemento que más habrá de utilizarse para mantener el producto en el mercado”.

 

Los consejos de Jorge Colina, de la UCA, se orientan a “poner el acento en la reducción de costos, haciendo eficiente la gestión de recursos humanos, los gastos administrativos e impositivos, y la organización de la producción. Y, a partir de conseguir logros en estos órdenes, buscar nuevos productos y servicios, y nuevos canales y vías de comercialización y promoción. Pero de poco sirven las nuevas y buenas ideas si una pérdida repentina de rentabilidad por la crisis genera rápidamente una baja en la sustentabilidad de la empresa”.

 

Los investigadores ponen el acento en el control de costes interno porque también afectará la subida en los servicios públicos, como la luz, los transportes, el gas, etc. Los sindicatos, atentos a esta situación, ya están programando nuevos reclamos para sus afiliados. En ese sentido, Déntice explica que “los incrementos tarifarios golpearán muy fuerte en el coste final pues la fuerza motriz (energía eléctrica y gas) tiene mucha incidencia en empresas intensivas en uso de fuentes energéticas, con lo cual reducen las posibilidades para operar en un ambiente enrarecido, como señala Claudio Cabilla dueño de una pyme proveedora de insumos para la industria petrolera que abastece el mercado local, regional y África. En tanto, creo que la decisión en la puja salarial en las pymes tendrá un componente donde la relación obrero patronal puede llegar a ser más flexible, sin que esto no implique, un duro impacto en los costes”.

 

Lo cierto es que se observa que el Estado “no piensa en cómo hacer para trabajar junto a las empresas privadas para sobrellevar la crisis sino que sólo se preocupa por su propia necesidad de recaudar para cubrir sus gastos, lo cual agrega más presiones sobre las empresas; lo mismo los sindicatos, que apelan a que la solución a cómo sobrellevar la crisis provenga sólo de las empresas para que ellos puedan concentrarse sólo en evitar los despidos y promover incrementos salariales muy altos, en el orden de los dos dígitos”, cree Colina, de la UCA.

 

Momentos de oportunidad

 

Como suele suceder, las crisis generan oportunidades, y en este aspecto muchas veces las pymes son las que mejor se adaptan a los cambios y a las dificultades. Una de las razones es el tamaño.  Jorge Colina señala que “la historia de crisis anteriores en la Argentina muestra que las que más rápido apelan a mecanismos informales y a los despidos cuando la economía entra en un ciclo recesivo son las empresas más pequeñas, porque son las menos visibles y porque al ser muy numerosas son difíciles de ser controladas. En crisis, el tamaño termina jugando a favor de la capacidad de supervivencia”.

 

Además, frente a las grandes empresas, Enrique Déntice añaque “la pyme tiene flexibilidad y adaptación, pero fundamentalmente tiene un capital intangible que es el equipo humano y una transmisión oral y de vida que se hereda en las generaciones sobre cómo soportaron las crisis y se vuelven a reinventar. En las grandes empresas eso es muy difícil, ya que sus decisiones están ligadas a casa matriz que enfrenta sus propios problemas y prioriza o racionaliza con otros criterios”.

 

El pensamiento de los investigadores coincide con la realidad de las pymes, tal es el caso de IBL, que confía en tener una capacidad de respuesta mayor. “Por eso, en este momento se deberá aprovechar la existencia de recursos humanos disponibles para profesionalizarse más y poder atender clientes que empresas internacionales dejarán de atender”, puntualiza su consejero delegado, José María Kugler.

Fuente: Universia Knowledge@Wharton

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