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Brasil sufre por la separación entre la universidad y la empresa

La brecha entre la universidad y la empresa está pasando factura a Brasil. Al mismo tiempo que el país celebra el crecimiento constante de su producción científica, que en 2007 alcanzó un 2,02% de los artículos publicados internacionalmente, también tiene que lamentarse de representar sólo el 0,06% del número de patentes registradas en el mundo, según la Fundación de Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior (CAPES) del Ministerio de Educación de Brasil, una organización dedicada a la formación para la enseñanza superior. Por un lado, el desarrollo del conocimiento parece ir a toda máquina, obteniendo un lugar destacado entre los países de América Latina y asemejándose a países europeos, como Suiza (1,89%), Suecia (1,81%), Holanda (2,55%) y Rusia (2,66%). Por otro, la producción tecnológica aún parece dejar mucho que desear en comparación con la de países como Corea del Sur (un 0,79%), Italia (un 1,31%), Francia (un 2,96%) y Japón (un 22,67%).

 

Esta asimetría también se puso de manifiesto en un estudio desarrollado por el Banco Internacional para Reconstrucción y Desarrollo (BIRD), institución del Banco Mundial que asiste a países de ingreso mediano y los países pobres con capacidad crediticia, y divulgado el 11 de septiembre llamado “Conocimiento e innovación para la competencia”. De acuerdo con el documento, Brasil está quedándose rezagado en comparación con otros países en desarrollo a la hora de convertir conocimientos en resultados prácticos. Uno de los motivos es la baja inversión del país en investigación y desarrollo. Mientras Brasil sólo dedica un 0,98% del PIB (Producto Interior Bruto) a innovación, China invierte un 1,22%. Así las cosas, el país sudamericano se está quedando por detrás de sus principales competidores en el mercado internacional: Corea del Sur, China, India y Rusia. ¿Son conscientes las universidades y las empresas de esta situación? ¿Qué papel juegan en ese proceso? ¿Existe una integración entre esos dos mundos que durante años vivieron separados?

 

Las respuestas a estas preguntas permitirán trazar un panorama y una estrategia capaz de estrechar las relaciones entre el sector productivo y académico en Brasil, señalan los expertos. Según la gerente de comunicación y planificación estratégica de Innova Unicamp (Agencia de Innovación de la Universidad de Campinas), Patricia Magalhães de Toledo, basta analizar el escenario de la relación universidad y empresa en los países desarrollados para justificar la fuerza que esa unión puede representar para la creación de tecnologías. "En Estados Unidos y en Alemania, por ejemplo, hay una igualdad entre los índices de producción científica y tecnológica, gracias a esa interacción. Y no es casual, por tanto, que ellos ocupen los primeros puestos del ranking mundial científico", señala.

 

Otro factor que también diferencia la producción tecnológica brasileña de esos países es su dinámica. En su opinión, "hay un cambio de papeles en el sistema brasileño". Según explica, mientras en prácticamente todo el mundo las empresas son las principales dueñas de patentes, en Brasil son las universidades. El presidente de CAPES, Jorge Guimarães, coincide con Magalhães en este punto. "En el mundo desarrollado, las patentes producidas en el segmento académico no pasan del 3%. En Brasil, el sector tiene un 27% de los registros", apunta.

 

El último estudio del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) sobre el sector señala, inclusive, que quien asume el liderazgo en el registro de patentes es la universidad. En el ranking de patentes, Unicamp supera a empresas de gran potencial tecnológico como la petrolera Petrobras, el fabricante de electrodomésticos Multibras y la empresa aeronáutica Embraer, ocupando la primera posición. Una larga lista de universidades encabezadas por UFMG (Universidad Federal de Minas Gerais), USP (Universidad de São Paulo) y UFRJ (Universidad Federal de Rio Grande do Sul), son los mayores dueños de patentes de Brasil.

 

El número de investigadores en el sector industrial también pone de manifiesto la baja participación del sector empresarial en el desarrollo tecnológico. Magalhães  señala que "más del 70% de esos profesionales brasileños trabajan en las universidades, sólo un 10% en la industria y un 15%, en el gobierno. En Estados Unidos, por ejemplo, un 80% de los investigadores están en la industria, un 12% en las universidades y un 18% en el gobierno. En Alemania hay una situación similar a la americana". Para el director científico de la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP), Carlos Henrique de Brito Cruz, estos datos sólo evidencian que los grandes responsables de la producción de patentes, las empresas, invierten poco en investigación. "Es un error creer que las patentes deban ser generadas por las universidades. Las instituciones de enseñanza producen artículos y forman estudiantes. Y las empresas producen riqueza y patentes. Eso, sin embargo, no quiere decir que las universidades no puedan innovar y colaborar entre ellas. Al contrario, sus funciones se complementan", explica.

 

Sin embargo, la coordinadora de la academia de Propiedad Intelectual e Innovación del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), Rita Pinheiro Machado, cree que no es sólo la tímida participación de las empresas, principalmente de las privadas, en la producción tecnológica lo que justifica la baja posición brasileña en las investigaciones mundiales. "Falta también diseminar en el país la cultura de la propiedad intelectual. No existe, por parte de la gran mayoría de las empresas y principalmente de los investigadores, la preocupación de registrar y proteger sus ideas y proyectos", enfatiza. "Es preciso, por lo tanto, cambiar el comportamiento de los agentes involucrados en la producción del conocimiento y de la tecnología", añade.

 

En opinión del director del Centro de Apoyo al Desarrollo Tecnológico de la Universidad de Brasilia (CDT/UnB), Luis Afonso Bermúdez, es fundamental superar estas limitaciones de comportamiento. "Para cambiar el escenario brasileño actual, es necesario que también haya una transformación de los paradigmas, tanto de la universidad como del sector empresarial", afirma. En su opinión, "lo ideal es que las universidades y las empresas reconozcan el poder que pueden ganar si trabajan juntas, en vez de aisladas". Y explica que las universidades deben colaborar en la formación de Recursos Humanos altamente capacitados y en la producción del conocimiento, mientras que las empresas necesitan transformar tales conocimientos en productos y, consecuentemente, en innovación.

 

Siguiendo la estela de EEUU

A pesar de que Brasil está lejos del escenario ideal y de alcanzar a los principales países en desarrollo, no se puede ignorar su evolución en cuanto al desarrollo de la relación universidad y empresa. Una interacción que, según el secretario de Desarrollo Tecnológico e Innovación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT), Guilherme Henrique Pereira, comenzó a dar sus primeros pasos con la creación de la Ley de Innovación, en 2004. "La iniciativa, además de sacar a relucir el tema en todo el territorio nacional, proporciona directrices tanto para las empresas como para las universidades, principalmente para las públicas, en lo que concierne a la producción científica y tecnológica del país", afirma.

 

Magalhães, de Unicamp, concuerda con el secretario y cree que la ley ha sido un resorte propulsor para la promoción de esa relación entre el sector académico y el productivo y, consecuentemente, para el impulso del desarrollo científico y económico brasileño. "Esas normas aproximaron esos dos mundos. Las iniciativas de interacción entre ellos, antes de 2004, eran aisladas. Pero el tabú que impedía esa relación se está quebrando poco a poco, principalmente gracias a la concienciación y el estimulo que la ley está proporcionando a ambos lados", señala.

 

Además, Magalhães explica que el gobierno americano hizo lo mismo en la década de los 80. "Estamos viviendo el mismo momento que EEUU vivió hace 20 años. Nuestra Ley de Innovación está, inclusive, inspirada en la legislación norteamericana. Los cambios que se generaron allí, se están iniciando ahora aquí", afirma Magalhães, que apunta ese atraso como una de las justificaciones de las desigualdades científicas entre los dos países. Guimarães añade que "las universidades brasileñas son muy nuevas en comparación con las extranjeras. Nuestras instituciones están cumpliendo cincuenta años, mientras otras (en otros países) ya conmemoran el centenario".

 

La aproximación entre las empresas y las universidades en Brasil ocurre fundamentalmente de cuatro maneras: creación de laboratorios cooperativos; desarrollo de proyectos en asociación; incubación de empresas en desarrollo; y formación de recursos humanos capacitados. Según explica Cruz, la relación más antigua y más intensa continúa siendo la de los recursos humanos. “En ese aspecto las misiones de las empresas y de las universidades se funden. Mientras la institución tiene el deber de formar profesionales altamente cualificados, el sector empresarial necesita de esa mano de obra para que su negocio pueda caminar".

 

Pero el escenario brasileño se ha mostrado bastante propicio para se contemplen   otros medios de interacción. Según el director científico de FAPESP, la intensidad de la relación que algunas universidades brasileñas tienen con el sector productivo es comparable a la de muchos otros países. "Las investigaciones de las instituciones de enseñanza financiadas por empresas en Estados Unidos es del 6%. En Francia, el porcentaje es del 4% y en Inglaterra, del 6%. Aquí, ese índice varía del 4% al 7%. El problema es que hay pocas compañías y universidades que siguen ese camino", dice Cruz. Según datos del BIRD, la inversión en innovación tecnológica está concentrada, principalmente, en el sector público, que corresponde a aproximadamente un 55% del total en Brasil, realidad que difiere de países desarrollados - en EEUU, ese número es del 30%. Pero, con La Ley de Innovación, las universidades brasileñas, así como los institutos de investigaciones, estarán obligadas a crear NIT's (Núcleos e Innovación Tecnológica y de Propiedad Intelectual). "Ellos serán el puente que faltaba para un mayor acercamiento", confiesa Magalhães. De acuerdo con las nuevas normas, esos sectores funcionarán como facilitadores del proceso de negociación y de orientación para la emisión de licencias tecnológicas y el desarrollo de I+D conjunto entre empresas e instituciones científicas y tecnológicas.

 

Por otro lado están los incentivos financieros ofrecidos por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), etc. Apoyos que van desde la concesión de becas de investigación, financiación, préstamos con condiciones de pagos más flexibles y hasta exenciones fiscales. Una de las posibilidades es la Ley Rouanet, desarrollada por el Ministerio de Educación y organizada por la Capes. Guimarães explica que según esta ley "las compañías interesadas podrán recibir deducciones de como mínimo la mitad y como máximo dos veces y media el valor de la inversión".

 

Nuevos desafíos

Iniciativas como las descritas arriba pueden ser un buen comienzo para el desarrollo de una relación natural entre las universidades y las empresas, pero los expertos señalan que todavía queda mucho por hacer. Para la coordinadora del INPI, el primer paso es esclarecer algunos puntos obscuros en la Ley de Innovación. "Principalmente en relación al uso del dinero público, que no está bien definido en las normas. Ese presupuesto aplicado por el gobierno puede y debe ser transferido por la industria, pero es preciso entender todas las posibilidades de la ley para facilitar la relación universidad/empresa".

 

Entre los obstáculos para esa interacción, el director del CDT/UnB apunta la falta de autonomía de la universidad en la gestión de esas asociaciones. "La institución pública no ha definido su figura jurídica. No puede contratar y decidir dónde se invertirán sus recursos. Eso estropea el proceso de interacción porque no es preciso trabajar con la agilidad que las empresas necesitan", dice Bermúdez. Según él, es preciso también que haya una movilidad mayor entre los agentes de ese desarrollo científico y tecnológico. "Es preciso que la universidad conozca el universo empresarial y el sector productivo el universo académico. Y sólo existe ese intercambio a partir de vivencias presenciales. No todos los conocimientos están en los libros", asegura.

 

Pero, en opinión de Pereira, es preciso consolidar todos los mecanismos que ya existen y explorar aún más la Ley de Innovación. "Hay muchas normas que aún no son utilizadas por las empresas, tampoco por las universidades. Una de ellas, es la autorización de licencia sin remuneración para investigadores que quieren transformar sus proyectos en innovación tecnológica", apunta el secretario. "El proceso debe ser continuo, no podemos parar aquí. Sin embargo necesitamos evaluar lo que se está implementado para perfeccionar y ampliar esas acciones de acuerdo con las necesidades reales". De acuerdo con el presidente de la Capes, no hay que olvidarse de los avances y de las relaciones de éxito consolidadas en el país. "Lo que necesitamos hacer es consolidar esas asociaciones que ya proporcionan grandes resultados para el desarrollo científico y tecnológico brasileño y crear nuevas iniciativas. Brasil ya tiene inversiones, recursos humanos de alta capacidad y potencial. Basta con caminar en esa dirección", cree Guimarães. "Claro que tenemos prisa, estamos ansiosos. Pero es preciso que haya tranquilidad. No se puede transformar un país subdesarrollado en uno desarrollado de la noche a la mañana", concluye Bermúdez.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

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