Política y Gobierno
- ¿El fin del sueño americano?
- ¿Las reformas de Raúl Castro conducirán a una nueva Cuba?
- El inesperado vuelco en el millonario negocio de la minera Codelco
- Europa busca financiación de los países del Golfo, pero sin hablar de libre comercio
- China saca a relucir las debilidades de América Latina
- "El manifiesto de la felicidad": ¿Puede un país aprender a ser feliz?
- Tráfico de drogas, violencia y futuro económico de México
- De ganaderos a agricultores: ¿Pueden los hacendados argentinos lucrarse con el boom de las materias primas?
- ¿Quo Vadis Mercosur?
- ¿Logrará la creciente clase media latinoamericana desarrollar todo su potencial?
CAFTA cinco años más tarde: Ninguna panacea, pero sello de democracia y orden para la inversión directa extranjera
Cuando el acuerdo de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA) era aprobado en el Congreso en 2005, la comunidad empresarial estadounidense no cabía de gozo. Gracias al acuerdo, se concederían preferencias arancelarias a las importaciones procedentes de Centroamérica y la República Dominicana, reduciéndose por tanto los costes de importación y sirviendo de colchón a la cadena de suministros estadounidense, dependiente de China, en un momento en que las tensiones entre Estados Unidos y China amenazaban con materializarse en una serie de medidas antidumping, derechos compensatorios y otras medidas comerciales contra las prácticas supuestamente predatorias del gigante asiático. Los fabricantes de ropa estadounidenses y otros productos manufacturados de bajo coste obtendrían una ventaja creciente en forma de menores costes de transporte de productos centroamericanos y así crear cadenas de suministros basadas en la demanda que serían más efectivas en costes que las vinculadas a Asia y más sensibles a los cambios repentinos en los gustos de los consumidores estadounidenses. Defensores del acuerdo alegan que, gracias al pacto de libre comercio se crearía el tercer mercado en tamaño en Latinoamérica para las exportaciones estadounidenses, por detrás únicamente de México y Brasil, y el decimocuarto en importancia en el mundo. En 2008 casi el 32% del total de las exportaciones centroamericanas tuvieron como destino el mercado estadounidense. Asimismo el 33% del total de importaciones de la región procede de Estados Unidos.
En sus primeros años de existencia, las empresas estadounidenses obtuvieron beneficios significativos. Entre los años 2005 y 2008 las exportaciones estadounidenses a la región aumentaron cerca del 48% hasta alcanzar los 24.300 millones de dólares; por su parte las importaciones estadounidenses procedentes de dicha región aumentaron un 10% y llegaron a los 14.400 millones de dólares. La llegada de inversión directa extranjera -como porcentaje del PIB de la región- aumentó desde el 3,4% en 2005 a casi un 5% en 2008; una mayor entrada de remesas y turismo procedente de Estados Unidos contribuyeron a incrementar la renta per cápita. Antes de la recesión todos los países de la región habían experimentado tasas de crecimiento de dos dígitos de sus exportaciones, sostiene David Lewis, vicepresidente de Manchester Trade, una consultora comercial de Washington DC. Fueron muy agresivos a la hora de aprovechar las nuevas oportunidades en el sector agrario, productos agrarios y textiles. Para ellos [CAFTA] fue como una inyección de adrenalina. Por ejemplo, El Salvador aumentó sus exportaciones de productos agrarios a las redes de distribución en el mercado hispano estadounidenses sin meter nada de ruido.
Pero la crisis económica global ha cobrado recientemente un caro peaje al crecimiento económico, la inversión directa extranjera y el volumen de comercio de la región. En 2009 los cinco países centroamericanos miembros de CAFTA Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua-, experimentaron caídas de su PIB. El país que más ha sufrido es Honduras (con tasas negativas del 4,4%), herida de muerte no sólo por el declive de la demanda de exportaciones textiles sino también por el surgimiento de incertidumbres asociadas al arresto el pasado verano por los militares del Presidente Manuel Zelaya, actuando en base a una orden de arresto emitida por la Corte Suprema hondureña. (Desde entonces, la elección democrática de Porfirio Lobo Sosa como presidente de Honduras el pasado noviembre ha restaurado la estabilidad para comerciar con dicho país).
Incluso Costa Rica, la economía más desarrollada de la región, vio como su PIB caía un 4% en 2009 después de haber crecido un 2,9% en 2008. Apenas ha transcurrido más de un año desde que Costa Rica firmaba CAFTA, pero sus exportaciones a Estados Unidos cayeron un 15% en 2009 y sus importaciones un 30%. Sus tasas de desempleo pasaron del 4,8% en 2008 al 7,8% en 2009. Entre 2005 y 2008 la llegada de inversión directa extranjera a Costa Rica había aumentado un 134% hasta alcanzar los 2.000 millones de dólares; el pasado año cayeron un 30% como consecuencia de las recesiones en Estados Unidos y España, los países que realizan más inversión directa en la zona.
Según el Economist Intelligence Unit, Nicaragua, el país más pobre de Centroamérica, también experimentaba una caída de su PIB del 3,1% en 2009 tras haber crecido el 3,2% en 2008; El PIB de El Salvador caía un 2% después de haber crecido un 2,6% en 2008; y el PIB de Guatemala descendía un 2% en comparación con el crecimiento del 4% de 2008. El único miembro de CAFTA que el pasado año presentaba tasas de crecimiento positivas fue la República Dominicana, que pasaba del 1,5% al 5,3% en 2008. CAFTA por sí misma no es responsable de dichos descensos, dice Lewis. El pasado año fue horroroso; pero no se debió a las cosas que CAFTA hizo o dejó de hacer; a causa de la caída del mercado estadounidense a ningún exportador le fueron bien las cosas, explica.
Textiles, heridos de muerte
El daño ha sido particularmente grave en el sector textil, intensivo en trabajo. Unos 20.000 empleos en la región se han perdido en áreas de libre comercio donde las empresas manufactureras contratadas fabrican productos de bajo valor para los fabricantes textiles estadounidenses. El problema, explicaba Lewis, es que es relativamente fácil cerrar fábricas en áreas de libre comercio porque dependen de los contratos firmados. Ahora el reto es cómo recuperar esos empleos en un momento en que la economía estadounidense es frágil y sus tasas de desempleo altas, lo cual afecta negativamente la demanda de muchos productos textiles importados. Hasta que el empleo no se recupere en Estados Unidos no crecerán de nuevo los pedidos de textiles a la región, decía Lewis. El crecimiento en otras áreas de la economía no proporcionará ni el número ni la calidad de los empleos que había en el sector textil. Al final no existe ninguna fórmula mágica para reponer esos puestos de trabajo a pesar de la constante fortaleza de Centroamérica en determinados nichos del sector agrario y su proximidad a Estados Unidos.
A pesar del trato preferencial que CAFTA proporciona, China ha seguido consolidando su posición como principal suministrador de productos textiles a Estados Unidos. En 2009 las importaciones estadounidenses de textiles experimentaron una caída del orden del 6% hasta los 22.600 millones de dólares; sin embargo las importaciones de textiles procedentes de China aumentaron un 10,71%, llegando a los 8.620 millones de dólares, lo cual supone una cuota de mercado de casi el 40%. China fue la principal fuente de productos textiles y mobiliario para el hogar que utiliza textiles, así como de calzado importado y accesorios de moda, explica Julia K. Hughes, vicepresidenta senior de la Asociación de Importadores de Textiles y Ropa de Estados Unidos. Mientras, las importaciones procedentes de los países pertenecientes a CAFTA, que conjuntamente ocupan el segundo puesto después de China, caían durante el año 2009. Las importaciones de ropa procedentes de Costa Rica cayeron un 43,3%, de la República Dominicana un 33,36%, de Honduras un 24,4%, de El Salvador un 22,6%, de Guatemala un 14,7% y de Nicaragua un 6,94%. En Estados Unidos, sólo tres de los diez principales países suministradores de productos textiles pertenecen a un área de libre comercio con Estados Unidos. Entre los suministradores de productos textiles, y ocupando puestos en importancia por detrás de China se encuentran Vietnam, Indonesia y Bangladesh; ninguno de ellos ha firmado un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Según los críticos, gran parte de la magia de los pactos de libre comercio descansa en conseguir detener el crecimiento de China en el sector.
Más complicaciones
Una de las razones fundamentales por la que CAFTA no ha servido como colchón a la región durante la recesión es, según los detractores, que los beneficios que reporta CAFTA al igual que otros acuerdos estadounidenses de libre comercio recientes-, no se suelen manifestar fácilmente. En lugar de simplificar o eliminar las normas comerciales (tal y como la gente esperaría), CAFTA convierte las importaciones desde Centroamérica en un proceso más complejo que importar desde China u otros países que no pertenecen a ningún pacto de libre comercio con Estados Unidos. Jonathan M. Fee, socio del bufete de abogados Alston & Bird en su sede estadounidense, sostiene que CAFTA no está hecho para los que sufren del corazón. En opinión de Kim Glas, secretaria ayudante, los textiles y la ropa deben producirse en los países CAFTA desde las primeras etapas para poder aprovechar todas las ventajas del acuerdo. Los estadounidenses que importan desde países CAFTA deben compartir continuamente información sobre sus importaciones en las aduanas del país y realizar regularmente visitas a las fábricas de las empresas manufactureras que les suministran para asegurarse que los bienes tienen derecho a disfrutar de preferencias arancelarias. Por el contrario, los importadores estadounidenses que compran en China se pueden beneficiar de los bajos costes y alta productividad de dicho país sin tener que cumplir dichos requisitos, ya que no se les debe aplicar ninguna preferencia arancelaria.
Recientemente las aduanas estadounidenses conceden prioridad a la aplicación de los complejos requisitos de CAFTA, dice Janet Labuda, directora de la división de textiles de la Oficina de Comercio Internacional de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. Labuda afirma que las reclamaciones previas de los importadores que soliciten la aplicación de las preferencias CAFTA están sujetas a revisión, y si Aduanas puede determinar que existe un patrón continuo de incumplimientos, podrá aplicar multas contra ellos. A nadie extraña pues que muchos importadores estadounidenses de productos textiles encuentren más fácil adquirir productos en la lejana China y otros países asiáticos de bajos salarios, manteniéndose así alejados de posibles dolores de cabeza, explica Fee. Asimismo, los especialistas en importaciones de muchas empresas no están bien informados sobre las reglas de origen de CAFTA y deben dedicar parte de su precioso tiempo y dinero a responder los cuestionarios de las aduanas estadounidenses para validar sus peticiones de aplicación de preferencias comerciales. Este proceso es ineficiente y una pérdida de tiempo, dice Fee.
Un poutpurri de acuerdos
Otro factor que complica las cosas a muchos recién iniciados en el tema: CAFTA es sólo uno de los numerosos acuerdos comerciales regionales de aplicación en el continente americano que ha sido firmado en los últimos años, y las complejidades peculiares de CAFTA difieren de las complejas provisiones del resto de pactos, incluyendo algunos firmados por Estados Unidos. La proliferación de acuerdos regionales comerciales ha creado un poutpurri de múltiples acuerdos que frecuentemente se solapan, afirman los economistas Antoni Estevadeordal y Kati Suominen en un informe reciente del Banco Inter-Americano de Desarrollo titulado Bridging Regional Trade Agreements in the Americas (Tendiendo puentes entre los acuerdos regionales comerciales en el continente americano). Las diferentes disciplinas incluidas en cada acuerdo regional comercial como la liberalización arancelaria, normas de origen, estándards, cláusulas de salvaguarda y normas de inversión-, añaden aún mayor complejidad. Por otro lado, al menos estos acuerdos comerciales en los que participa Estados Unidos han disminuido en complejidad en los últimos años, escriben los autores. El régimen más reciente de normas de origen basado en el modelo NAFTA, -básicamente el acuerdo de libre comercio de Estados Unidos y Chile y CAFTA, escriben Estevadeordal y Suominen. Esto manifiesta una tendencia hacia normas de origen que fomenten el comercio en el hemisferio.
Por todos estos motivos, la reciente recuperación de la economía global debería contribuir a la recuperación de las exportaciones de los países CAFTA. Roy Zuñiga, decano de INCAE Business School, con campus en Costa Rica y Nicaragua, afirma que, sin lugar a duda, la recesión en Estados Unidos ha tenido un impacto en la demanda de productos de Costa Rica; pero que las recientes cifras revelan que la economía estadounidenses está mejorando y las exportaciones costarricenses a Estados Unidos están empezando a despegar de nuevo. Zuñiga cree que las condiciones creadas gracias a CAFTA son necesarias pero no suficientes para que Costa Rica logre sus objetivos económicos. Sin embargo, CAFTA ayuda a Costa Rica a diversificar sus riesgos y encontrar nichos y mercados que valoren competitivamente lo que Costa Rica puede ofrecer. Sin CAFTA la economía costarricense habría perdido oportunidades para seguir creciendo en Estados Unidos. Pero eso no ocurrió, y ahora Costa Rica está mejor preparado para competir en mercados internacionales que si no perteneciese a CAFTA.
En cuanto a las perspectivas de una recuperación de la inversión directa extranjera española en Costa Rica, Zuñiga dice: La economía española será una de las más afectadas por la recesión, con un periodo de recuperación más largo de lo que es evidente en otros países que no estaban creciendo basados fuertemente en el sector de la construcción de viviendas. Asimismo, invertir en países bien posicionados [como Costa Rica] costará más en el largo plazo a las [empresas españolas] que en el corto plazo, y ya alguna gente se está dando cuenta de que este es el mejor momento para apostar por economías como la costarricense.
En general, los defensores del libre comercio también sostienen que es muy fácil ver el enorme progreso realizado por Centroamérica, en parte conseguido gracias a CAFTA. CAFTA ha sido un éxito, dice Dan Griswold, director del Centro de Estudios de Políticas Comerciales de Cato Institute, un think tank de Washington. CAFTA no iba a tener un gran impacto sobre la economía estadounidense; somos mucho más grandes que ellos. El objetivo era profundizar y fortalecer nuestros vínculos con las democracias centroamericanas, y el comercio con la región ha mejorado. No olvidemos que hace 25 años Centroamérica erar una región convulsa; ocupaba las primeras planas. Aunque aún hay diversos obstáculos en el camino Nicaragua está de nuevo liderado por Daniel Ortega y Honduras ha sufrido un drama constitucional-, la democracia sigue vigente con la restauración del presidente democráticamente elegido. Aunque CAFTA no ha obrado milagros, dice Griswold, no obstante es una herramienta importante; una prueba de que tienes la casa en orden que ayudará a la región a atraer inversión directa extranjera a largo plazo.
Fuente: Universia Knowledge@Wharton
