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La falta de consenso político traba el comercio entre Argentina y China
Después de los majestuosos festejos por el Bicentenario de la Argentina celebrados el 25 de mayo, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner volvió a poner los pies sobre la tierra y retomó los temas urgentes que se habían postergado. Uno de los primeros problemas de la lista de pendientes era resolver el conflicto generado en abril cuando China suspendió la compra de aceite de soja. Según fuentes del sector, el 77% de las importaciones de este producto por parte de China provienen de Argentina, país que, con un 55% del mercado global, es el principal exportador del mundo.
Una misión comercial argentina viajó la semana pasada y se reunió con las autoridades asiáticas, pero no obtuvo los resultados esperados: el Gobierno chino desistirá de reabrir las compras del aceite de soja argentino hasta que las empresas exportadoras no cumplan con los requisitos sanitarios que les exigen.
Para llegar a la República Popular China el aceite de soja argentino debe recorrer unos 20.000 km. En este largo camino el aceite tiene que superar distintas barreras, entre ellas las que surgen de las relaciones bilaterales entre los dos países. La última norma aplicada por China que generó el actual conflicto por el aceite de soja se denomina Norma para aceites vegetales especificados y es muy exigente en cuanto a los estándares adoptados sobre el nivel de residuos solventes.
Según el ministerio de Comercio chino las importaciones argentinas contenían 300 ppm (partes por millón) de residuos de hexano, un químico usado en la extracción de los aceites de semillas oleaginosas, mientras el máximo permitido sería de 100 ppm. Sin embargo, tanto los especialistas como los empresarios del sector sostienen que la excusa de la barrera sanitaria encubre un castigo por el cierre de la frontera argentina a varios productos chinos que compiten con la industria local.
Gloria Baez, experta en negociaciones Agrícolas Internacionales del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad del Salvador (USAL), sostiene que la motivación de fondo se encuentra, por una parte, en la aplicación de restricciones comerciales aplicadas por la Argentina a la importación de productos chinos, principalmente calzado, textiles y productos varios, practicadas principalmente bajo la forma de derechos antidumping (contra la competencia desleal) y precios mínimos de importación.
En la misa línea, Enrique Blasco Garma, economista de Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (CIIMA) de la universidad ESEADE, cree que la diplomacia oriental expone razones distintas a las motivaciones verdaderas. El freno a las importaciones desde China se contesta con frenos a las exportaciones argentinas.
Gustavo Girado, especialista en negocios con el Asia Pacifico y profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad de la Plata (UNLP), intenta poner algunos paños fríos sobre la situación y recuerda que, desde que se desató el conflicto con China, no han habido comunicados oficiales por la parte oriental que especifiquen los motivos de la sorpresiva aplicación de la normativa china, sino trascendidos o informaciones no oficiales que han ocupado un amplio espectro de motivos posibles. Entre ellos, Girado cita la no formalización por parte de Argentina del tratamiento de China como economía de mercado (este reconocimiento asegura un tratamiento igualitario en la investigación antidumping), o las estrictas medidas que la Argentina ha puesto para todo producto con origen en el Grupo 4 (según la aduana argentina, las 15 economías del Asia Pacífico)- no solo las importaciones chinas sino de las economías del Asia Pacífico-. Por último, también se ha especulado que la intención de China fue reducir los precios internacionales del aceite de soja, cosa que consiguió inmediatamente.
Baez, de la USAL, no descarta que los motivos políticos también hayan influido en el conflicto ya que Cristina Fernández de Kirchner suspendió una visita de Estado programada en enero, en medio del conflicto abierto con el presidente del Banco Central, Martín Redrado, por el uso de las reservas monetarias para el pago de deudas soberana. Debe tenerse en cuenta que luego de esta cancelación la mandataria siguió cumpliendo con su agenda internacional aún persistiendo la crisis política interna esgrimida como excusa para no honrar el compromiso asumido con el presidente Hu Jintao, sostiene Baez.
El impacto económico
Para este año distintas consultoras económicas habían proyectado que se enviarían a China más de 2 millones de toneladas de aceite de soja, lo que representaría U$S 1.947 millones. Se trata de más del 45% de la producción argentina y del 77% de las necesidades chinas de este producto, una nación con 1.300 millones de habitantes. De continuar esta situación, no solo caerían los ingresos de los exportadores argentinos, sino que significaría la pérdida de unos U$S 623 millones para el Gobierno en concepto de derechos de exportación.
Mientras tanto, ¿qué harán los exportadores de aceite de soja con su producción? Girado es positivo al respecto, ya que estima que la Argentina no tendrá mayores inconvenientes en colocarlo en otros mercados, y menos aún si acepta un precio ligeramente menor. De cualquier forma, Argentina es tomadora de precio en el mercado internacional de estos derivados del extrusado (prensado) de soja. Por lo tanto esta situación no afectará al sector en su conjunto este año; y tampoco al lado fiscal. En la jerga económica, Argentina es tomadora, no formadora de precios, y su única manera de competir en el mercado internacional es bajando costos. Los precios provienen de Chicago, Estados Unidos, donde se cotiza la mayoría de los cereales.
Pero el Dr. Alberto Rubio, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Belgrano (UB) advierte sobre la dificultad de abrir nuevos mercados, un asunto que no se resuelve de un día para el otro. Requiere una estrategia creíble, capaz de ser sostenida en el tiempo. El país no tiene esa imagen en el comercio exterior. No estamos acostumbrados a mirar el país desde el mundo.
Además, para Blasco Garma, de ESEADE, nuestros exportadores encontrarán otros canales sacrificando precios, es decir, que Argentina perderá ingresos. Esos nuevos clientes que encontrará el país estarán también en Asia, quienes a su vez venderán quizás a China. Por eso los costos de triangulación recaerán sobre Argentina. Entre los canales alternativos los especialistas mencionaron India, Egipto y Sudáfrica.
A largo plazo
Lejos del problema puntual por el aceite de soja, la Argentina es cuestionada por su política de comercio exterior orientada a la protección de su industria local, una posición criticada por algunos sectores y elogiadas por otros. De hecho, los conflictos internacionales también se han extendido a otros socios importantes como Brasil, país vecino al que se le impusieron distintas barreras comerciales para chocolates, tomate en lata y varios productos más. Incluso la Unión Europea reclamó por el pedido no oficial de la administración de Cristina Fernández de Kirchner de restringir la importación de alimentos.
Tanto el Gobierno argentino como los productores no terminan de comprender la naturaleza de los desafíos competitivos en un mundo altamente interrelacionado. El tema no pasa por cerrar mercados o incentivar exportaciones por tipo de cambio, sino por crecer sistemáticamente en productividad, detalla Rubio, de la UB. Además, el decano sostiene que los conflictos nunca generan beneficios y, si lo hacen, son efímeros lo cual es letal para el sistema productivo de largo plazo. No hay que insistir en miradas cortoplacistas.
Por otro lado, Blasco Garma, de ESEADE, piensa que tanto China como los otros países que mantienen diferendos comerciales con la Argentina intentan decir que trabar el comercio internacional perjudica a todos, incluso al que pone restricciones. Admitir productos extranjeros favorece a los usuarios locales y de eso hablaba, hace 200 años, David Ricardo en su Teoría de las Ventajas Comparadas ya que todos ganan con la libertad de decisión. Que un funcionario nos diga qué y dónde comprar ofende nuestra capacidad.
No obstante, para Girado, de la UBA, es conveniente preservar la industria nacional usando todos los mecanismos legales al alcance, en especial hoy cuando las consecuencias del desmanejo económico en las principales economías del mundo traen consecuencias feroces sobre los niveles de vida de la gente en los países más vulnerables. El comercio internacional no es un juego de suma cero y no hay pruebas de que el comercio libre pueda ser el mejor camino para aumentar el bienestar de las economías en vías de desarrollo. Girado reconoce, en tanto, que Argentina necesita diseñar una política de largo plazo que persiga una mayor inserción de las empresas nacionales en el Asia Pacífico y pretender que más capitales asiáticos comprometan su futuro con nuestro país. Políticas de este estilo han sido desarrolladas con éxito por economías que son competidoras naturales de Argentina como Chile, Australia y Nueva Zelanda.
Para que Argentina pueda diversificar mercados y ampliar su capacidad de exportación, Blasco Garma, advierte que hay que dejar de poner dificultades a nuestros productores y exportadores. Los buenos clientes nutren relaciones de confianza y se ponen de acuerdo. Ello no sucede en el marco de políticas oficiales cambiantes.
Asimismo, Gloria Baez, de la USAL, piensa que para fortalecer el debilitado comercio con China debemos revisar detenidamente las herramientas que están a nuestro alcance para que nuestros productos agroalimentarios lleguen ya que es la única alternativa de intercambio comercial que tenemos con esta gran economía, y donde un país como Brasil está pronto a desplazarnos como ya ha ocurrido con la (exportación de) carne. Hoy en día Brasil es el primer exportador mundial de carne de vacuno, mientras que Argentina cayó hasta la séptima posición el año pasado, después de liderar el ránking en los años 70, según datos del departamento de agricultura de Estados Unidos (USDA).
Mientras los exportadores buscan mercados alternativos, también estarían intentando adecuar sus instalaciones para poder cumplir con las medidas sanitarias impuestas por China para el aceite de soja. De todas formas, todos los ojos están puestos en una reunión fijada para el próximo 13 de julio entre Cristina Fernández de Kirchner y Hu Jintao en China. ¿Asistirá la presidenta a la cita?
Fuente: Universia Knowledge@Wharton
