Liderazgo y Cambio
- Del terrorismo al turismo: Enarbolar la bandera del desarrollo en Colombia
- Mike Tannenbaum, de New York Jets, y Bill McDermott, de SAP: Formar líderes dentro y fuera del campo
- ¿Sacarán los tecnócratas a Europa de la crisis?
- La nueva ofensiva de Colombia para atraer turistas
- Lecciones de liderazgo del 11 de septiembre: Entrevista con Joseph Pfeifer, del Cuerpo de Bomberos de Nueva York
- La receta de éxito de Glen Senk, de Urban Outfitters: Cultura adecuada, variedad de opiniones y atención a las críticas de los trabajadores
- Cómo Beni López, de Softtek, trabaja los puntos fuertes locales de la empresa para crecer globalmente
- La encrucijada de Ollanta Humala, presidente electo de Perú: ¿Seguir la estela de Chávez o de Lula?
- ¿Está Panamá creciendo demasiado deprisa?
- Sopas y ropa interior, la combinación ganadora para dos mujeres de éxito
La apertura comercial de Estados Unidos con Cuba: ¿Sobrevivirá el optimismo ante tantos retrasos?
Puede ser difícil imaginarlo, pero Estados Unidos solía ser con diferencia el mayor socio comercial de Cuba y su mayor fuente de turistas e inversión directa extranjera. En una semana típica de 1959, pongamos por caso el mes de mayo, ciento dos vuelos conectaban Miami con La Habana, capital de Cuba. Todo acabó en 1960, cuando Estados Unidos impuso sanciones comerciales y financieras sobre Cuba en respuesta a las crecientes tensiones políticas entre los dos países. El contacto directo, incluyendo los vuelos comerciales ordinarios, finalizó bruscamente. Desde entonces, una ley de fomento de las exportaciones y reforma de las sanciones comerciales a Cuba (TSRA, Trade Sanctions Reform and Export Enhancement Act), aprobada en el año 2000, ha permitido a los exportadores estadounidenses enviar medicinas, productos alimenticios y bienes agrarios a Cuba por motivos humanitarios, pero el volumen sigue siendo escaso; sólo unos 700 millones de dólares en exportaciones a Cuba en 2008, o lo que es lo mismo, una décima parte del valor de las exportaciones estadounidenses al país vecino de la República Dominicana.
Cuando Barack Obama se convirtió en Presidente hace más de un año, muchos grupos empresariales estadounidenses tenían la gran esperanza de que trabajaría duramente para acabar rápidamente con el embargo. A ello contribuía la sublime retórica de Obama sobre fomentar el cambio y el hecho de que el nuevo presidente no debiese favores políticos a la comunidad cubana de Florida con inclinaciones más bien republicanas-, que lleva apoyando el embargo desde hace tiempo. Para los optimistas la cuestión no era si el embargo estadounidense iba a finalizar, sino cuando. ¿Con qué rapidez exportadores, transportistas, transitarios, bancos, etc. estadounidenses serían capaces de aprovechar la ventaja de este mercado sin explotar?
El levantamiento del embargo estadounidense a Cuba, cuando suceda, será el comienzo de una era de renovado y significativo comercio entre ambos países, sostenía en un informe la Cámara de Comercio de Miami el pasado año, prediciendo enormes y nuevas oportunidades para empresas estadounidenses en sectores como el de las infraestructuras, alta tecnología, turismo, biotecnología, agricultura, industria ligera o vivienda. Por primera vez en su larga historia de predicciones sobre Cuba la Cámara de Comercio planteaba tres diferentes escenarios para que Estados Unidos y Cuba reanudasen sus vínculos comerciales e inversores, y sólo el primero de los tres escenarios implicaba cambios significativos en Cuba con el objeto de crear mercados libres y un acercamiento a la democracia en dicho país. En el segundo escenario Cuba no llevaría a cabo cambios políticos o económicos significativos pero reanudaría el comercio con Estados Unidos de todos modos. En el tercer escenario, Cuba no realizaría cambios políticos significativos, pero introduciría reformas orientadas al mercado similares a las llevadas a cabo en China y Vietnam. Aunque oficialmente aún comunistas, dichos países han empezado a ser atractivos para los exportadores y multinacionales estadounidenses, explicaban los optimistas. Así pues, ¿por qué no podría seguir Cuba esa misma trayectoria?
Optimismo inicial
Reconocemos todo el potencial de que las relaciones comerciales se restableciesen totalmente, decía Jay Brickman, vicepresidente de servicios gubernamentales de Crowley Maritime, un transportista con sede en Florida. En los últimos siete años, Crowley ha navegado una vez a la semana desde Port Everglades, Florida, hasta La Habana, llevando productos alimenticios y humanitarios autorizados bajo las provisiones de la TSRA, pero Brickman afirmaba que el mercado podría ser mucho mayor con el fin del embargo.
El optimismo entre la comunidad empresarial estadounidense se disparó el pasado mes de septiembre cuando el Departamento del Tesoro eliminó las restricciones impuestas por la administración Bush para viajar y enviar dinero a la isla por parte de los cubano-americanos, así como con la reanudación de las conversaciones entre ambas naciones sobre cooperación en temas como inmigración, tráfico de drogas o telecomunicaciones. Pero tal y como reconocidos expertos señalaban a Universia Knowledge@Wharton, la administración Obama ha renovado oficialmente el embargo por otro año, y ahora parece poco probable que Estados Unidos levante el embargo hasta que Cuba de algunos pasos hacia una reforma política y económica.
Mucha gente interpretó demasiadas cosas en las decisiones iniciales de la administración Obama, decía David Lewis, vicepresidente de Manchester Trade, una consultora comercial con sede en Washington. Pero Obama hizo cuanto había prometido, y no creo que vaya más allá a no ser que los cubanos den señales inequívocas de cambio, afirmaba Lewis, doctorado en Wharton. La posición cubana es que no debería haber ningún embargo, decía Lewis, y sus líderes no creen que la política estadounidense se haya vuelto más flexible como para justificar las demandas para que Cuba lleve a cambio reformas políticas a cambio.
Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, sostenía que el presidente Obama flexibilizó algunas restricciones a la hora de viajar, así como el envío de remesas a Cuba, en adelanto a lo que los cubanos harían a cambio; pero el gobierno cubano con Raúl Castro, hermano de Fidel, no ha hecho reforma alguna en respuesta. El Gobierno cubano está más interesado en sus relaciones con Venezuela, Irán, China y Rusia que en comerciar con Estados Unidos, afirmaba Suchlicki, nacido en Cuba. Después de todo, esos países nunca han demandado a Cuba que reforme sus instituciones políticas o económicas. En cambio, dichos países han apoyado incondicionalmente la economía cubana proporcionándole petróleo (100.000 barriles al día desde Venezuela) en unos términos financieros muy favorables, así como créditos baratos (de China, Irán y Rusia). A pesar de los gestos de Obama para llegar a Cuba flexibilizando algunas regulaciones, el gobierno cubano es como un régimen estalinista, y económicamente el país no está muy por encima de Haití, decía Suchlicki. A diferencia de la vieja Unión Soviética, donde el Partido estaba a cargo del Gobierno, Cuba es un régimen militar de línea dura en el cual el Partido Comunista supervisa todas las cosas. Esperar que Cuba cambie su modo de hacer las cosas para poder comerciar con Estados Unidos es poco realista, explicaba.
Augusti Ulied, profesor de Economía en la Escuela de Negocios Esade en España, está de acuerdo en que sería poco realista esperar que Cuba cambie de la noche a la mañana. A mi modo de ver las medidas de relajación de algunos aspectos del embargo a Cuba, tomadas por el Presidente Obama, son totalmente ineficientes. El Gobierno cubano no va a renunciar al control político y económico de la isla y los ciudadanos cubanos están sacando muy poco provecho, explicaba Ulied.
Y añadía: En las actuales condiciones es difícil imaginar que Estados Unidos retire el embargo a Cuba. La política estadounidense de considerar a Cuba país terrorista ha provocado una dura reacción del gobierno cubano declarando al Presidente Obama enemigo de la revolución, incluso comparándolo con sus antecesores. En ésta situación de agravamiento de las relaciones es difícil que vayan a crearse a corto y medio plazo las condiciones de diálogo que pudieran abrir el camino hacia el fin del embargo.
El turismo primero
No obstante, los optimistas siguen teniendo la esperanza de que a largo plazo se reactiven las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Cuba. Para empezar estaría bien permitir que cualquier ciudadano estadounidense pudiese viajar a Cuba. Se han introducido varias leyes para poner fin a la prohibición de viajar de los ciudadanos estadounidenses, tanto en el Senado como en el Congreso estadounidenses. Estas medidas han sido apoyadas por ambos partidos políticos. Varios operadores de hoteles, suministradores de servicios telefónicos, empresas de seguros de viajes y emisores de tarjetas de crédito estadounidenses han afirmado que la ley de libertad para viajar a Cuba (HR 874) podría convertirse en una pieza clave para el fin del embargo. Desde que el presidente Obama juró el cargo, el National Foreign Trade Council, con sede en Washington, ha celebrado varias reuniones con sus miembros para discutir las oportunidades empresariales con Cuba. Jake Colvin, vicepresidente de política comercial global en NFTC, decía que si estas reuniones se hubiesen celebrado bajo la administración Bush podrías haber contado con los dedos a las personas interesadas, pero ahora no hay suficientes manos.
El pasado mes de septiembre, el Senador Richard Lugar y el demócrata Howard Berman, miembro del Comité de Relaciones Exteriores con el Senado y Presidente del Comité de Asuntos Exteriores con la Cámara de Representantes respectivamente, escribieron una editorial en Miami Herald reclamando el levantamiento unilateral de la anacrónica prohibición de viajar, sosteniendo que el estadounidense medio puede servir de embajador de los valores democráticos que ostentamos, contribuyendo a llevar el cambio a Cuba. Más de una veintena de aeropuertos han solicitado licencias para hacer vuelos charter a Cuba, incluyendo Texas o el Golfo de Florida, ya que las rutas establecidas a Cuba desde Miami y Los Ángeles (LAX) están completas.
Incluso si Cuba fracasa a la hora de realizar las principales reformas, el proceso de apertura del país al turismo estadounidense podría contribuir a socavar su totalitario sistema político. Sin embargo Suchlicki no está de acuerdo. No veo cómo el turismo puede hacer que los cubanos cambien, señalaba. ¿Cómo podría alguien de Iowa que no habla español cambiar Cuba?. Investigaciones muestran que los turistas estadounidenses que volaron a la Unión Soviética durante los 80 no generaron interferencia alguna sobre su sistema político totalitario, explicaba. En opinión de Suchlicki, existe un argumento más serio para poner fin a la prohibición a viajar de los estadounidenses; principalmente que tengo derecho a viajar a cualquier sitio.
Hay una cosa clara: dada su clima y su proximidad a Florida, existe un mercado preparado para que los estadounidenses viajen a Cuba. Robert Whitely, presidente de los operadores de tours en Estados Unidos, predecía recientemente que al menos 850.000 americanos visitarían Cuba el primer año después del levantamiento de la prohibición. Según declaraba un burócrata cubano a la prensa local, este dato no incluiría los 480.000 americanos que visitarían Cuba en cruceros por el Caribe cuando los barcos estadounidenses pudiesen atracar, y otros 480.000 cubano-americanos visitando sus familias en Cuba cada año. Orbitz Worldwide, la agencia de viajes online, ha recibido más de 100.000 firmas en una campaña puesta en marcha el pasado mes de mayo en OpenCuba.org para que se levante la prohibición de viajar a Cuba; en el proceso, obviamente, sus ingresos se han disparado.
Algunos escépticos señalan que Cuba carece de las infraestructuras necesarias para hacer frente a un incremento de turistas estadounidenses; los principales hoteles ya están completos con los turistas europeos y canadienses y los pocos restaurantes que podrían proveer a los barcos de crucero ya están desbordados con viajeros de otros países. Asimismo sostienen que, a corto plazo, Sol Meliá se beneficiaría mucho más del fin de la prohibición que sus rivales estadounidenses, ya que Sol Meliá, la mayor cadena hotelera española, también es la mayor en Cuba, operando 24 hoteles del país.
Cambios desde dentro
Fuera del ámbito del turismo, los exportadores estadounidenses de bienes agrícolas también siguen presionando para poner fin al embargo. Un estudio reciente de la Oficina de Responsabilidades del Gobierno Estadounidense (GAO) afirmaba que si el embargo comercial se levantase, los exportadores estadounidenses de productos agrarios disfrutarían de un mercado potencial que valdría varias veces su precio actual. El pasado mes de octubre más de treinta negocios estadounidenses, muchos de ellos pertenecientes al sector alimentario y agrícola, enviaron unos 200 representantes a Cuba a una feria de comercio, incluyendo burócratas estatales de Maryland, Virginia y Georgia. En la feria, Terry Coleman, diputado de la comisión de agricultura de Georgia, declaraba ante la prensa que la administración Obama debería intentar modificar las regulaciones bancarias para que Cuba pueda transferir los pagos directamente desde sus bancos a Estados Unidos sin tener que recurrir a instituciones financieras de terceros países. Dicha restricción ha limitado seriamente la capacidad de los exportadores estadounidenses para ampliar sus mercados en Cuba.
Otra medida para fomentar las relaciones ha sido una provisión para facilitar el flujo de exportaciones agrícolas estadounidenses a Cuba por parte del Congreso estadounidense, incluida en su año fiscal 2010. Colvin del NFTC decía en respuesta que este cambio hará más fácil que los agricultores americanos y otros exportadores vendan sus productos en Cuba. Este es un pequeño paso, aunque importante, en la dirección adecuada, y es fantástico comprobar que las reformas en la política cubana siguen estando bajo el radar del Congreso.
No obstante, Suchlicki no espera cambios significativos en la política estadounidense a corto plazo. El mejor escenario posible para aquellos que quieren que Cuba se abra totalmente al comercio con Estados Unidos posiblemente consista en un cambio político gradual desde dentro de la propia Cuba. En opinión de Suchlicki, Cuba podría seguir la ruta de la Unión Soviética, cuando Fidel y luego Raúl-, fallezcan. No sucederá del día a la noche. Se necesitarán varios años. El mejor modo de que Cuba cambie es que cambie desde dentro.
Buenas noticias para aquellos que se oponen al embargo: las recientes encuestas muestran que ya no todos los cubano-americanos están a favor del embargo. En una encuesta de 1992 de Bendixen & Associates, con sede en Miami, el 82% de los exiliados cubanos manifestaban que el embargo debía seguir en pie. En el año 2005 dicho porcentaje había caído hasta el 62%. No obstante, el pasado mes de agosto sólo el 40% estaba a favor de mantener el embargo; el 41% estaba en contra. Fernand Amandi, vicepresidente ejecutivo de Bendixen, decía que un factor clave en el desgaste del apoyo al embargo ha sido el crecimiento demográfico de los cubano-americanos que han nacido en Estados Unidos y ya no apoyan el embargo. En su opinión, hay un segmento creciente del exilio histórico que ya no cree en continuar con una política que cuenta casi con cincuenta años y fue diseñada para una generación totalmente diferente.
Fuente: Universia Knowledge@Wharton
