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¿Cuál es la próxima parada para los capitalistas de riesgo?

El sector de capital-riesgo por fin se está recuperando de ?la resaca tras la burbuja?, aunque aún está muy lejos del clima de euforia que vivía a finales de los 90.

Según la opinión del grupo de capitalistas de riesgo que participó en uno de los paneles de la Cumbre Económica de Wharton 2007, los últimos acuerdos firmados –como la venta de YouTube a Google por 1.650 millones de dólares o la venta el pasado año de Skype a eBay por 2.600 millones-, están insuflando entre los inversores de capital-riesgo una renovada confianza en su capacidad para recuperar las inversiones. Además, los nuevos sectores -como las “tecnologías limpias”, un nombre genérico que recoge todas las tecnologías respetuosas con el medioambiente-, y las nuevas tendencias –como el envejecimiento poblacional en el mundo desarrollado-, están generando prometedoras oportunidades de inversión.

 

No obstante, muchos capitalistas de riesgo seguirán viviendo tiempos difíciles. Según David Mathias, socio y gestor de Carlyle Group, con sede de Washington D.C., “el 15% de las firmas han proporcionado el 90% de los rendimientos”. Una firma líder, Sevin Rosen de Dallas, Texas, decidía el pasado año cancelar sus planes de captación de dinero para un nuevo fondo de inversión, propagando entre sus inversores la idea de que el modelo de negocio del sector estaba acabado. El New York Times bautizó esta decisión como “una vuelta en la cadena de oro del capital-riesgo”.

 

Además, se debe añadir un factor más a las preocupaciones generales del sector: ahora cada vez hay más capitalistas de riesgo que luchan por captar dinero y acuerdos cada vez más escasos. “Muchas firmas entraron en el sector durante la burbuja”, decía Doug Given, socio de Bay City Capital en San Francisco. Según un informe de National Venture Capital Association y PricewaterhouseCoopers, los inversores de capital-riesgo comprometieron 25.500 millones en 2006, cifra que supone menos del 25% de la cantidad invertida en el año 2000. “Tenemos el nivel de fondos de mediados de los 90”, añadía Mathias. “Comparémoslo con los extraordinarios años que recientemente disfrutaron los fondos especulativos de alto riesgo (hedge funds) y el capital-riesgo”.

 

Este informe, una publicación trimestral llamada MoneyTree, identificó diversos puntos positivos para el sector. Las inversiones en biotecnología y empresas de instrumental médico alcanzaron cifras récord en el 2006. Y China e India han empezado a generar una enorme corriente de acuerdos. Estos dos sectores comprendían en 2006 unos 2.000 millones de dólares del total de inversiones de capital-riesgo.

 

Se vuelve a abrir el grifo

Antes incluso de la burbuja de Internet y del desfallecimiento de la burbuja, el sector del capital-riesgo ofrecía rendimientos dignos de una montaña rusa. Sus inversores asumían riesgos considerables –respaldando normalmente empresas no garantizadas con productos o servicios no garantizados-, y era frecuente que acabasen perdiendo dinero. “Dos tercios de las empresas financiadas con capital-riesgo proporcionaban rendimientos cero”, señalaba Given. Pero cuando ganaban, ganaban mucho dinero, lo cual compensaba todos los fracasos. Empresas tan renombradas como Google, Genentech y Apple Computer estuvieron al principio financiadas con capital-riesgo.

 

Basándose en éxitos como estos, y en la cultura única de capital-riesgo de Estados Unidos, Mathias predice que tarde o temprano la llama del sector se volverá a reavivar. “La teoría del capital-riesgo es eterna: creas empresas y creas riqueza”, explicaba. “Y aquí en Estados Unidos tenemos espíritu empresarial, modelos a seguir, capital disponible y cultura de innovación”. Si a esto le sumas algunas de las mejores universidades del mundo -donde se incuban algunos de los grandes avances tecnológicos-, las firmas estadounidenses de capital-riesgo deberían seguir estando entre las líderes a pesar de la globalización del negocio.

 

No obstante, la cultura no es importante si no hay dinero disponible para respaldar a las empresas de reciente creación. Pero Peter Kash, presidente del holding Two River Group, con sede en Nueva York, predecía que el grifo del que mana dinero iba a abrirse pronto de nuevo. Los inversores que tradicionalmente han sido reacios ante el capital riesgo muestran ahora interés en el sector, y la riqueza está creciendo en todo el planeta. “A nivel mundial hay 70.000 personas con al menos 30 millones de dólares cada una en activos. Y hay 950 personas con más de 1.000 millones de dólares en el mundo, los cuales contabilizan unos 3,5 billones de dólares en activos”.

 

Obviamente, estas personas, al igual que aquellos que invirtieron previamente en el sector, esperarán grandes rendimientos para su dinero. Lo arriesgado de estos acuerdos así lo exige, señalaba Mathias. “Si el rendimiento de los mercados de capital es por término medio el 8%, entonces el capital-riesgo debe ofrecer una sustanciosa prima por encima de dicha cifra. Así, el rendimiento esperado debería ser del 20-25% pero obtener en realidad un rendimiento del 17-18%”.

 

¿Dónde buscan en la actualidad los inversores esta clase de rendimiento? Aunque no goza de tanta popularidad como antaño, Internet sigue siendo foco de atenciones gracias a los avances en los videos online que, por ejemplo, impulsó YouTube. “Los videos son la clave en estos momentos”, decía Roland Van der Meer, cofundador de ComVentures en Palo Alto, California. “De MIT, Standford y Cal Tech salen tecnologías increíbles que resuelven problemas como conseguir una apariencia diferente de los videos o introducir anuncios en tiempo real”.

 

Por su parte, las tecnologías limpias representan un grupo de tecnologías que han recibido un gran impulso gracias al problema del calentamiento global y las emisiones de carbono. Se considera un hecho científicamente demostrado que la contaminación generada por el hombre ha calentado el mundo; las empresas establecidas están buscando el modo de reducir su impacto y las de reciente creación están ofreciendo todo tipo de alternativas respetuosas con el medioambiente.

 

Given propone el ejemplo del sector de la energía eléctrica. La red de líneas que proporcionan electricidad a los hogares y negocios es ineficiente y está envejecida, y muchas de las centrales eléctricas utilizan carbón como combustible. “Este formato no funcionará en India y China”, sostenía. “En estos países necesitaremos contar con energías limpias cerca de las poblaciones. Se necesitaron 75 años para industrializar el 20% de la población del mundo. En los próximos 25 años industrializaremos otro 40% de la población”.

 

La lucha por el agua

Kash predecía que el calentamiento global alteraría el modo de operar de muchos negocios, no sólo de los productores de energía y fabricantes de automóviles. “Ya estamos viendo el impacto del calentamiento global. En Europa, las grandes empresas y chales del negocio del ski están heridas de muerte. Este año hubo muy poca nieve en los Alpes”.

 

Además del calentamiento global, los problemas medioambientales podrían también crear oportunidades de negocio, afirmaba Kash. “Durante 4.000 años la gente ha luchado por las materias primas. En el futuro la lucha se centrará en el agua potable”. En algunas partes del mundo, como en Oriente Medio, los países ya tienen escasez de agua dulce y han empezado a desalinizar. A medida que aumenta la demanda de agua potable, en especial en el mundo desarrollado, las empresas privadas irán adoptando un mayor protagonismo en su suministro.

 

En el mundo desarrollado, el sector sanitario –desde la biotecnología hasta el instrumental médico-, sigue siendo interesante para los inversores de capital-riesgo; además, debido a la evolución demográfica, seguirá teniendo interés durante décadas. “El envejecimiento de la generación del baby boom y la mayor esperanza de vida son factores clave”, explicaba Given, el cual empezó su carrera como médico e investigador médico. “Las corporaciones están intentando resolver los crecientes costes sanitarios. Este también es un factor relevante”.

 

El campo emergente de la medicina personalizada también resulta bastante prometedor, aunque aún está en pañales, señalaba Given. Los avances en genética deberían en última instancia permitir a los científicos identificar la propensión a padecer determinadas enfermedades años antes de que se manifiesten. En teoría, los investigadores deberían ser capaces de diseñar tratamientos a la carta para cada persona y sus enfermedades. “Podremos identificar a los pacientes que se beneficiarán de las llamadas drogas de diseño”, explicaba. En lugar de pagar el tratamiento de una sola vez –tal y como ocurre en la actualidad-, una persona podría pagar su tratamiento por adelantado a lo largo de unos cuantos años o décadas.

 

Irónicamente, la riqueza y disfrutar una vida relativamente fácil tiene tanto ventajas como desventajas en el mundo desarrollado. La gente vive más tiempo, pero también está desarrollando achaques asociados a la opulencia, como la obesidad o la diabetes. Tratar dichas enfermedades también deberían ser oportunidades para los empresarios y las firmas de capital-riesgo que los financien.

 

A corto plazo Kash sugería que los inversores busquen empresas que estén desarrollando medicamentos contra el cáncer. El cáncer es ya la segunda causa de fallecimiento en Estados Unidos, por detrás de las cardiopatías. Además, la lucha contra el cáncer está a punto de entrar en primera plana. Por primera vez cuatro candidatos o posibles candidatos presidenciales, señalaba Kash, han tenido cáncer (o bien sus esposas). Entre éstos están Rudy Giuliani, que tuvo cáncer de próstata; Fred Thompson, que tuvo un linfoma; John McCain, con un melanoma; y la mujer de John Edwars, Elizabeth, que padece cáncer de pecho.

 

Una mayor publicidad del tema debería traducirse en una mayor financiación para la investigación contra el cáncer, independientemente de qué partido ocupe al final la Casa Blanca. Tal y como confesaba Kash, el cáncer “no tiene prejuicios entre Demócratas y Republicanos”.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

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