Finanzas e Inversión
- El impacto de la crisis financiera en Brasil, Rusia, India y China
- La crisis de crédito puede originar un nuevo orden financiero
- El cambio de las reglas del juego en el panorama financiero global
- El agua, el nuevo oro de la economía global
- África: ¿Conseguirán los inversores y emprendedores privados transformar el continente?
- Los bancos españoles desafían a la crisis con nuevas adquisiciones
- Incrementar la competitividad mediante la innovación en la base de la pirámide
- Los gestores de fondos soberanos suspenden en sofisticación
- Comercio en Latinoamérica: ¿Ha llegado la hora de volcarse hacia el vecindario?
- Ganadores y perdedores en las guerras por poderes
La crisis crediticia y el fracaso del análisis de riesgos
Es poco probable que, cuando se siente, mire debajo de su asiento para ver si hay una bomba. Aunque podría matarle, la probabilidad de que haya una bomba es mínima.
Según los participantes en la mesa redonda anual sobre riesgos financieros organizada por Wharton Financial Institutions Center y Oliver Wyman Institute, un punto de vista similar fue lo que provocó que banqueros, reguladores y burócratas hicieran la vista gorda ante inversiones y modelos empresariales bastante arriesgados que contribuyeron a la crisis crediticia global.
Northern Rock apenas es conocido en Estados Unidos, pero el colapso de este banco británico refleja el fracaso del análisis de riesgos que contribuyó a acrecentar los problemas de empresas como Citigroup, Bear Stearns y Merrill Lynch. Apenas unos meses antes de la crisis -y posterior operación de salvamento del Gobierno británico-, Northern Rock, quinto banco del país por hipotecas concedidas, era considerado uno de los mejores por cifra de resultados, explicaba David T. Lewellyn, profesor de Banca y Finanzas en Loughborough University, Inglaterra.
El banco tenía mucho capital y sus créditos marchaban a buen ritmo. Pero cuando la crisis de hipotecas subprime o de alto riesgo de Estados Unidos desencadenó una crisis crediticia global, el pasado otoño Northern Rock se encontró al borde del desastre. El banco ya no podía pedir préstamos en los mercados mayoristas, donde cubría aproximadamente dos tercios de sus necesidades de financiación. Los ahorradores británicos, que tienen menos seguros que sus coetáneos estadounidenses, hicieron interminables colas para retirar sus ahorros. Fue una clásica estampida bancaria, la primera que tenía lugar en el Reino Unido en más de 100 años. Ahora el gobierno británico ha decidido nacionalizar dicha entidad financiera.
Depender del dinero prestado, como es el caso de Northern Rock, conlleva riesgos por todos conocidos. Pero esos riesgos no fueron tomados en serio, señalaba Llewellyn. Creemos que la probabilidad de que sucedan es muy baja, decían. ¿Cómo sabemos que la probabilidad es baja? Respuesta: Porque nunca ha ocurrido antes Es como si realmente existiese la posibilidad de que hubiese una bomba debajo del asiento pero, sin embargo, nadie mira. Eso es exactamente lo que hizo Northern Bank.
Sin intermediarios
Los problemas de Northern Bank no supusieron una amenaza para el resto del sistema bancario británico; sin embargo, la pasada primavera Bear Stearns sí constituyó una amenaza para las principales firmas financieras estadounidenses. Lo que ocurrió en marzo fue que, en determinado momento, todo era tan inconexo que el mecanismo de ajuste de Wall Street como intermediario dejó de funcionar. No había intermediario, decía David Benson, vicepresidente senior y tesorero de Fannie Mae, una empresa patrocinada por el gobierno que proporciona liquidez al mercado hipotecario y que ha soportado una presión extrema, relacionada en su mayoría con el descenso del precio de la vivienda. Durante el primer trimestre de este año, Fannie Mae obtenía pérdidas netas de 2.200 millones de dólares, las cuales se deben principalmente a las pérdidas del deteriorado mercado de la vivienda. Recientemente conseguía 2.000 millones en capital para reforzar su balance.
El equipo de Benson monitoriza regularmente varios indicadores -como las variaciones en la cotización de Fannie Mae en comparación con el índice Standard & Poors-, para evaluar las condiciones del mercado. Asimismo monitoriza la adecuación de su efectivo para gestionar el riesgo de liquidez, que puede suceder cuando la confusión existente en el mercado dificulta la compra y venta de valores.
Por ejemplo, Fannie Mae debe tener suficiente liquidez para hacer frente a sus obligaciones de efectivo a 90 días sin tener que emitir deuda sin garantía.
Periódicamente la empresa comprueba su capacidad para acceder a fondos a través de ventas y endeudamiento con aval. Se trata de operaciones de mantenimiento, para comprobar que las cosas funcionan. Sabemos cómo conseguir dinero. Nos obligamos a acceder a los mercados simplemente para asegurarnos de que funcionan, explicaba Benson.
Durante los juegos de guerra que simulan crisis del mercado, Benson recurre a lo que él llama su libro de recetas de cocina, un listado con todas las cosas que debe hacer. Gracias a dicha lista, si realmente se produce una situación de pánico, Benson no dependerá exclusivamente de su buena memoria. Pero los planes de contingencia no resolverán todos los problemas, añadía. Creo sinceramente que si hubiese problemas en los mercados financieros, aunque los planes de contingencia sean excelentes probablemente no funcionen bien, ya que las empresas están tan interrelacionadas que los problemas de una afectarán al resto. Y no lo puedes controlar todo.
En Washington Mutual, una de las mayores proveedoras de hipotecas en Estados Unidos, el tesorero Robert J. Williams también está jugando a la defensiva. Durante el primer trimestre de 2008, la empresa obtenía pérdidas netas de 1.100 millones de dólares esto es, 1,4 dólares por acción diluida-, en su mayoría relacionadas con la concesión de créditos que básicamente han proporcionado pérdidas. Efectivamente, el 2 de junio Kerry Killinger, que había sido presidente y consejero delegado de la empresa, fue despojado de su puesto como consecuencia de las críticas de los inversores sobre su política de compensación y las prácticas de gestión de riesgos.
Al igual que muchos otros participantes en la mesa redonda, Williams cree que la concesión de créditos seguirá siendo elevada el próximo año debido a las persistentes pérdidas crediticias. La dimensión que puede llegar a alcanzar este problema es enorme, explicaba. Los cálculos que Williams realizaba por lo alto, que tienen en cuenta los activos relacionados con la vivienda, el apalancamiento y las pérdidas crediticias, sugieren que el sector bancario necesitará captar capitales por valor de 100.000 a 200.000 millones de dólares. Con apalancamiento 1/20, una medida de la deuda, los cálculos sugieren cifras bastante reducidas de la capacidad crediticia -de 2 a 4 billones de dólares-, hasta que el sector recupere su base de capital. Dimos un paso atrás y subrayamos los modelos y cifras, decía Williams, y las cifras eran bastante elevadas.
A partir de su cartera de créditos inmobiliarios por valor de 190.000 millones de dólares, Washington Mutual estima pérdidas de entre 12.000 y 19.000 millones de dólares para los próximos tres a cuatro años. Los resultados de las estimaciones difieren dependiendo de las diferentes situaciones económicas contempladas. Recientemente la empresa captaba 7.000 millones de capital para hacer frente a las potenciales turbulencias del mercado; en su opinión, estos nuevos fondos le proporcionarán un colchón de 10.000 millones por encima de las necesidades de sus ratios de capital.
Según Williams, la crisis inmobiliaria probablemente provoque un examen general del marco regulador, incluyendo una revisión del acuerdo Basilea II, un conjunto de recomendaciones internacionales sobre legislación y regulaciones bancarias que incluyen requisitos para el capital.
Estructuras retributivas problemáticas
Los participantes en el primer panel de la mesa redonda, titulado Liquidez a nivel de empresa, parecían estar de acuerdo en algo: las regulaciones actuales no son capaces de gestionar adecuadamente los riesgos vinculados a los actuales mercados. Llewellyn afirmaba bromeando que los reguladores deberían legalizar la frase Esta vez es diferente. Ha sido pronunciada en todas las burbujas. La gente la ha empleado para justificar los elevados precios de las empresas tecnológicas -que deben generar beneficios- o para los precios de la vivienda, que subieron por encima de lo que una familia promedio podría pagar.
Asimismo Llewellyn citaba las estructuras retributivas de los banqueros como una de las fuentes de problemas. Si se examinan las estructuras de incentivos, es bastante racional que la gente siga la corriente imperante, explicaba. Aquellos que siguen la corriente cuando existe una nueva tendencia inversora son recompensados con, por ejemplo, altas comisiones por conseguir créditos hipotecarios para gente con dudosos historiales crediticios. Pero si simplemente haces lo que crees que es correcto y lo haces bien, no vas a verte recompensado por ello.
Las cifras generales también dificultan la labor de los reguladores, sugería. El éxito de Northern Rock hizo prácticamente imposible que los reguladores interviniesen antes a pesar del alto riesgo de su modelo de negocio.
El profesor de Economía Hyun Song Shin, de la Universidad de Princeton, explicaba que sus investigaciones muestran que los actuales requisitos para el capital podrían acentuar los periodos de boom y de recesión. Las normas contables que obligan a los bancos a indicar el valor de mercado de sus activos también fomentan que las empresas aumenten sus inversiones en los buenos tiempos y las contraigan en los malos. Los reguladores deberían prestar más atención a los estándares de liquidez, esto es, la capacidad de una empresa para convertir sus activos en efectivo con rapidez sin tener que vender a menores precios.
Llewellyn señalaba que conceder mayor importancia al capital que a la liquidez también provocó que las principales agencias de calificación de riesgos, como Moodys, juzgasen mal los riesgos del mercado hipotecario.
Los requisitos de liquidez impuestos por los reguladores deberían centrarse en la composición de los activos y pasivos en lugar del tamaño del colchón en relación con los activos totales, tal y como ocurre bajo los estándares actuales, decía Shin añadiendo que los mercados financieros actuales que muestran fuertes conexiones entre las empresas y por tanto problemas en empresas tan pequeñas como Bearn Stearns ponen en jaque a todo el sistema-, necesitan más que nunca centrarse en la liquidez.
Estas conexiones también generan conflictos para las partes implicadas, señalaba Shin. Cuando Bear empezó a dar tumbos durante la crisis provocada por las pérdidas asociadas a los créditos hipotecarios, habría sido necesario que a otras empresas no les entrase el pánico y no reclamasen los pagos por temor a que Bear no pudiese hacerles frente. Pero no sucedió así. Desde la perspectiva de Bear Stearns, esas pequeñas contracciones en su hoja de balance provocadas por los acreedores fueron una salida .
Irónicamente, los valores con garantía hipotecaria deberían supuestamente librar a los prestamistas de los riesgos al reunir créditos que se han vendido a los inversores; sin embargo, cuando se desencadenó la crisis no funcionaron. El riesgo no fue transferido; al menos no tanto como pensábamos, decía Llewellyn. Hay una especie de riesgo crediticio residual que permanece en el propio banco.
En opinión de Joseph Mason, profesor de Finanzas en LeBow College of Business, Universidad Drexel, éste es el motivo por el que los contratos que respaldan las acciones permitieron que los inversores transfiriesen parte de responsabilidad de nuevo a las instituciones, amenazándolas con la posibilidad de insolvencia. Lo interesante del mundo de los negocios, y del mundo en general, es que los contratos existen para enmendarlos, e incluso incumplirlos, sostenía. Los inversores ya contaban con ello Estamos bastante lejos del final de la historia. Ahora simplemente disfrutamos de una tregua temporal. Nos hemos recuperado algo; estábamos en la ciénaga y aún seguimos en ella.
Asimismo, Mason afirmaba que la severidad de la actual crisis depende del punto de vista que adopte cada uno. Sus investigaciones muestran que incluso los propietarios de viviendas que compraron cuando los precios estaban en su máximo, esto es, antes de la caída durante los 90, habrían obtenido con dicha inversión rendimientos anuales del 7%. Suponiendo, eso sí, que el propietario disponga de dinero para sobrevivir a la crisis.
Fuente: Universia knowledge Wharton
