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Por un 'nuevo mundo' global sin los excesos del viejo

Uno de los paneles de Madrid Global Alumni Forum se titulaba El nuevo mundo financiero. Así que alguien podría preguntarse: “¿Y qué ha pasado con el viejo mundo financiero?”. Ésta fue la pregunta planteada a los participantes del Foro por su moderador, el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston. “En toda mi carrera nunca imaginé que tendríamos dos días tan peligrosos y aterradores como los vividos en septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers cayó y Merril Lynch desapareció”.

 

 

La crisis financiera ha dejado al descubierto un mar de debilidades en la economía global. La confianza en el mercado como principal mecanismo eficiente de asignación de recursos para el crecimiento económico ha disminuido drásticamente, y el debate ahora se centra en qué nuevas regulaciones y restricciones adicionales se necesitan en el futuro. Marston pidió a sus panelistas que trataran temas como las causas de la crisis económica, el modo en que la creciente volatilidad del mercado debería gestionarse, y cómo el mundo puede resolver los problemas de credibilidad relacionados con los desequilibrios globales.

 

 

Ana Patricia Botín, directora ejecutiva de Banesto, señalaba que “vivimos en un mundo con muchos desequilibrios desde los 80 en cuanto a tendencias de globalización, con miles de millones de personas incorporándose al mercado de trabajo, con tipos de interés muy bajos y con un conjunto de países prometiendo demasiado y un conjunto de países consumiendo demasiado”. Los países latinoamericanos han estado acumulando “grandes superávits comerciales, mientras los consumidores estadounidenses es el motor del crecimiento mundial y está completamente endeudado, con la ayuda de otros países”.

 

 

Y al final del día, decía Botín –que trabajaba en el Banco Santander al principio de 1988, dirigiendo la expansión internacional del banco en los 90 y con responsabilidades en Latinoamérica, banca corporativa o gestión de activos-, “las causas de la crisis no pueden ser identificadas con las finanzas únicamente. No se puede culpar a los bancos al 100%, y la solución a la crisis tampoco está al 100% en manos de los bancos”.

 

 

En cuanto a las lecciones a aprender, Botín citaba la importancia de las medidas contra-cíclicas y de la liquidez, los riesgos causados por una supervisión no intrusiva, y las limitaciones de los reguladores locales. “Necesitamos supervisores que controlen la situación y vean las tendencias/eventos a medida que vayan ocurriendo. Los supervisores parecen comprender mejor a los bancos normales, como nosotros, en contraposición a los bancos de inversión”. Asimismo, el sector ha confiado en los reguladores locales y los supervisores locales “con ninguna coordinación a nivel global”. Y por último, “no disponíamos de mecanismos que permitiesen a los bancos grandes fracasar de un modo ordenado. No existe el modo de evitar el riesgo sistemático sin” la capacidad para intervenir cuando sea necesario. “Las normas estaban allí, pero todo el mundo parecía esquivar las preguntas escabrosas… no los reguladores, o los inversores de capital-riesgo o las agencias de calificación o incluso algunos de los comités de riesgo de los propios bancos”.

 

 

Botín hizo varias sugerencias sobre cómo avanzar, como crear “un nuevo diseño institucional en Europa” que incluiría una mejor cuantificación del riesgo, una mejor gestión de la liquidez y una mayor atención a las políticas contra-cíclicas así como una mejor coordinación entre supervisores a nivel mundial. Asimismo, Botín también señalaba algunas propuestas que “no son útiles… una de ellas es centrarse en el tamaño de los bancos. Ser demasiado grande no es necesariamente malo. Los bancos que crearon los problemas no fueron aquellos que eran demasiado arriesgados, con demasiado apalancamiento, o gestionando riesgos que no fueron cuantificados”. Otras propuestas “no útiles” son aquellas que defienden impuestos sobre los bancos, y aquellas que se centran en las compensaciones bancarias en lugar de las causas de la crisis financiera, sostenía Botín.

 

 

El panelista Ángel Cano Fernández, consejero delegado de BBVA en Madrid, señalaba que la etapa más reciente de la crisis financiera empezaba en marzo cuando los elevados niveles de deuda de Grecia se hicieron evidentes; la situación fue agravada por la falta de credibilidad de las estadísticas oficiales. “Esto causó una falta de confianza que se expandió a otros países europeos y que ha aumentado las dudas sobre la capacidad de crecimiento dentro de la eurozona y sobre la idoneidad de una moneda única”. En consecuencia, “la Unión Europea está empezando a ser percibido como un conjunto de partes fragmentadas en lugar de un todo”.

 

 

Aunque Fernández cree que los bancos son capaces de manejar la situación mejor que cuando Lehman Brothers cayó en bancarrota, “la situación está lejos de estar estabilizada. Se necesitan mejores medidas de coordinación para asegurar la convergencia de las políticas fiscales entre los países europeos… y los programas de ayuda estatal deberían incluir condiciones más estrictas”. El sistema financiero del futuro “debe tener elevados requisitos de capital, pero más liquidez y mayor protección a los clientes. Si no pensamos globalmente, cometeremos los mismos errores que en el pasado”.

 

 

El panelista Corrado Passera, director ejecutivo y consejero delegado de Intesa Sanpaolo en Milán, ofrecía su punto de vista sobre las principales causas de la crisis financiera, incluyendo un excesivo apalancamiento y la falta de transparencia en el mercado de derivados. En cuanto a cómo arreglar la situación para el futuro, Passera señalaba que sus comentarios podrían haberse titulado “leyes por favor”. La gente cree que los bancos no quieren leyes, “pero no es así; sólo que quieren leyes adecuadas. Cuando suceden las crisis, a veces la gente se lanza en una dirección y olvida que la economía y la sociedad tienen un complejo conjunto de necesidades”. Asimismo, señalaba, “no deberíamos olvidar que el crecimiento económico sostenido es la prioridad número uno, y que crear empleo es el objetivo” por el que todo el mundo está trabajando.

 

 

Asimismo, Passera advertía sobre la peligrosidad de hacer el sector bancario “tan seguro que ni sea rentable ni atractivo y simplemente desaparezca”. Cualquier ley que se promulgue debería conseguir que el sector bancario “o al menos una buena parte del mismo”, siguiese siendo atractivo para los inversores.

 

 

Las tres prioridades de Passera para avanzar incluyen en primer lugar fijar límites al apalancamiento global. “Al final, la explosión de deudas impagadas durante los últimos años ha sido la raíz de la crisis, tanto el apalancamiento neto como el apalancamiento bruto. No sólo debemos registrar en los libros las obligaciones on-balance como las off-balance… todos los componentes de la situación real de endeudamiento”. En segundo lugar, las nuevas leyes deben asegurar que la gestión de la liquidez está bajo control. “No te declaras en bancarrota por falta de capital, sino porque tienes dificultades con tu liquidez. Si captas dinero a corto plazo pero dejas tu dinero a largo plazo, tarde o temprano simplemente explotas”. En tercer lugar, “debemos poner los derivados bajo control introduciendo la estandarización y en la dirección de tener estos instrumentos sólo en intercambios regulados”.

 

 

Basilea III está resolviendo estos tres puntos, explicaba refiriéndose a las nuevas regulaciones bancarias que están siendo consideradas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, el guardián de la banca internacional. Pero según Passera, Basilea III se arriesga proponiendo regulaciones que son tan estrictas que “crean una crisis crediticia que hasta el momento hemos evitado. Tenemos que asegurarnos que los nuevos límites, las nuevas características del marco regulador, no son excesivos y son introducidos gradualmente”.

 

 

Passera también aconsejaba a los reguladores tener presente que “los bancos reales, los bancos comerciales, no son casas de intercambio. El enfoque café para todos no funciona… no estoy sugiriendo escindamos los grandes bancos, sino que estas dos actividades deberían ser gestionadas, reguladas y supervisadas de manera diferente”. Además, las normas tienen que aplicarse de manera consistente para todo el mundo, y deben ser razonablemente simples, pocas y comprensibles. “Hoy en día, uno de los problemas que estamos padeciendo son los tecnicismos que hacen el leguaje de reguladores, políticos, banqueros y consumidores tan diferente que el debate y la cooperación se hacen muy difícil”.

 

 

El panelista Carlos Trascara, director de McKinsey en Madrid que codirige los servicios financieros en Europa, apuntaba a la situación de España en particular, describiendo el sistema bancario español como “uno de los más saludables que he visto… El banco central español tiene una buena idea de la situación tras haber superado algún contraataque político al principio del proceso; creo que dentro de unos pocos años disfrutaremos flechas de dos dígitos”. Su punto de vista en general sobre la economía española también era optimista. “Nuestro nivel de deuda como porcentaje del PIB es inferior al de muchos otros país. Es verdad que si haces predicciones sobre el déficit en los próximos diez años, las cifras no son tan buenas… Pero tenemos un límite al crecimiento del déficit público”. Trascasa sugería que esto simplemente implicará un menor crecimiento del PIB durante los próximos dos-tres años, “pero que esperamos que España crezca por encima de la media europea dentro de cinco años”.

 

 

En respuesta a la pregunta de Marston sobre si los gobiernos deberían obligar a los bancos a dejar dinero, Botín señalaba que la mayoría de los bancos quieren conceder créditos, pero el problema real es la necesidad de reducir el nivel de deuda. “Algunas empresas tienen exceso de capacidad y otras podrían estar demasiado débiles como para pedir prestado. La combinación de esos dos factores implica un menor nivel de demanda de créditos solventes. Esa es la raíz del problema”.

 

 

Marston planteaba la pregunta de un modo diferente: ahora mismo, el sistema bancario estadounidense tiene una enorme liquidez. La Reserva Federal tiene más del doble del tamaño de su balance y la mayoría está sentada en los balances de la banca comercial en Estados Unidos. “Si fueses la Reserva Federal, ¿cómo podrías animar a los bancos a usar parte de ese efectivo para avivar la economía?” La respuesta de Botín: “Se lo que les diría que no hiciesen. Si los bancos tienen un nivel de capital incierto, es lógico que sean extra prudentes. Al final del día, tenemos que ver cómo la economía se recupera y el des-apalancaminento. Desafortunadamente, algunos clientes están pidiendo ser refinanciados y tal vez no se lo merezcan”.

Fuente: Universia Knowledge@Wharton

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