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Negocios anticrisis
Cada uno cuenta la feria según le va. Mientras unas empresas sobreviven a duras penas mes a mes, algunas compañías han sabido capear con soltura el temporal que azota a la economía mundial. Previsión, prudencia, inversión en I+D, diversificación e internacionalización son las principales estrategias de las empresas en la cresta de la ola.
Con la repentina explosión de la burbuja inmobiliaria en España, todos los negocios que giraban en torno a la construcción ven derrumbarse sus sueños como frágiles castillos de naipes. Los grandes bancos tiemblan ante las elevadas tasas de morosidad y los coches nuevos se acumulan en las fábricas como huérfanos a la espera de una familia que les acoja.
El terremoto de la ya reconocida recesión golpea con fuerza a todos los sectores de la economía. ¿A todos? Existen islas donde las cosas van a contracorriente, empresarios que piensan en contratar personal y no en recortar su plantilla, que tienen la capacidad de mirar la crisis cara a cara e, incluso, aprovecharla para aumentar sus ingresos.
Todo depende de hacia dónde orientemos nuestras miras. Por ejemplo, el afán de los consumidores por comprar barato beneficia a las tiendas que ofrecen la mejor relación calidad-precio. Así, las tiendas de outlet o de segunda mano no sólo no han visto mermar sus beneficios, sino que han experimentado un crecimiento exponencial en el último año.
Pero la crisis también provoca que muchos no puedan hacer frente a sus deudas. Y como poderoso caballero es don dinero, los acreedores están dispuestos a hacer todo lo posible por cobrar. De ahí que las compañías de cobro de morosos hagan su agosto en estos tiempos marcados por el terremoto financiero, hasta tal punto que sus clientes se han duplicado en tan solo un año.
Internacionalización y diversificación, el mejor antídoto contra la crisis
Durante los últimos años ha habido otras compañías que han diversificado su negocio y han salido al exterior. Una decisión arriesgada y valiente que les ha proporcionado un capote y una espada con los que torear la recesión sin grandes sobresaltos.
Félix Revuelta, presidente del grupo Kiluva (dueño de Naturhouse, entre otros negocios), es uno de estos afortunados visionarios que ha sabido aplicar dos de las premisas de las mejores escuelas de negocio: diversificación e internacionalización, que guiado su gestión en los últimos años.
Con sedes en Italia, Polonia, México o Francia, prevé abrir nuevas delegaciones en Sudáfrica, Croacia, Dubai y Singapur, al contrario que las grandes multinacionales, que tienen en el punto de mira nuevas reducciones de sus divisiones internacionales.
El grupo Kiluva también es un buen ejemplo de diversificación. Con negocios de cosmética y perfumería, relacionados con el ocio, la energía fotovoltáica, la reparación de automóviles (ITV) e incluso el vino, toca un amplio abanico de áreas de negocio, donde las ganancias de unos negocios compensan las pérdidas de otros.
En medio de esta tormenta hay quien trata, por todos los medios, de continuar emprendiendo. El Grupo Cosentino es un claro ejemplo, una empresa especializada en la fabricación de superficies de cuarzo que ha conseguido que su marca Silestone se identifique con un tipo de superficie de la misma forma que los yogures se identificaron durante un tiempo son la firma Danone.
En su caso el éxito ha sido una consecuencia directa de otro aspecto fundamental: la innovación, con un departamento en el que trabajan una veintena de investigadores dedicados a la I+D para el que anualmente se reservan cinco millones de euros. Una inversión que no cae en saco roto. Gracias a este cambio de rumbo, menos dependiente del sector de la construcción, pudieron sobrevivir cuando explotó la burbuja inmobiliaria.
Buenos tiempos para el outsourcing
Junto a la internacionalización y la diversificación, en época de crisis también se conjuga otro verbo de sumo interés: la externalización (outsourcing en terminología anglosajona). Las empresas intentan aligerar gastos al mismo tiempo que continúan con su actividad cotidiana.
Compañías de recobros, atención telefónica (call centers) y empresas de asistencia jurídica especializada son cada día más demandados por el sector financiero, interesado ahora más que nunca por externalizar algunos de sus servicios.
Con una elevada tasa de impagos, el negocio más floreciente se sitúa en el recobro ("collection"), una titánica labor que consiste en hacer que los clientes morosos de la banda para la que preferiblemente trabaja la compañía paguen a sus deudores.
La buena salud de todos estos negocios demuestra que la crisis mundial no implica, necesariamente, que sea un mal momento para todos. Lo importante es saber adaptarse a la nueva situación y superar con arte la tormenta financiera.
Fuente: Expansion.com
