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Cómo actuar si un empleado nos roba

Si ya es difícil ser víctima de un robo o de una estafa, el trance se vuelve mucho más difícil cuando el “chorizo” forma parte de nuestras personas de confianza. ¿Qué hacer cuando uno de nuestros empleados muerde la mano que le da de comer?

 

Todos sabemos que, cuando se infringe la ley, se activa toda la cadena legal que nos protege las espaldas. Pero más allá de las responsabilidades judiciales, de los derechos y deberes del Código Penal o Civil, cuando el causante del daño es uno de nuestros trabajadores tal vez no sea necesario saldar el problema frente a los tribunales.

 

Las tres preguntas ineludibles que surgen son: ¿Quiero recuperar mi dinero?; ¿Quiero que el empleado siga en la empresa?; ¿Quiero que ese empleado pague por lo que ha hecho?

 

Lo primero que debemos hacer es calificar el daño económico bajo nuestro punto de vista, para valorar los daños. Porque no es lo mismo que un día falten 50 euros de la caja registradora que descubrir que tenemos un agujero de 50.000 euros fruto de las más sutiles técnicas de guante blanco.

 

Y es que en función del daño causado la respuesta a las preguntas anteriormente formuladas pueden cambiar radicalmente de sentido. Indudablemente, el principal objetivo es recuperar el dinero “desaparecido”, no meter a nadie entre rejas.

 

Por ello, el primer paso será pedir el dinero al trabajador en cuestión. Afrontar cara a cara una situación de este tipo puede generar que al “presunto culpable” se le venga el mundo encima y suelte lo que no es suyo inmediatamente.

 

Si tras pedirle educadamente que nos devuelva la cantidad robada no se produce ningún tipo de reacción por su parte, lo mejor es que le ofrezcamos la opción de su baja voluntaria para que la firme, y aquí paz y después gloria. Nosotros recuperamos nuestro dinero y nos desprendemos de una persona en la que hemos perdido la confianza.

 

Cuando estas medidas resultan insuficientes, no nos quedará más remedio que recurrir a la justicia, tramitando la correspondiente denuncia por el delito que haya cometido. Pero, si analizamos fríamente la situación ¿qué beneficio obtenemos de un procedimiento judicial?

 

En el caso de que logremos recuperar nuestro dinero y eliminar al trabajador de la plantilla, comenzar un procedimiento judicial de esta índole puede acarrear muchos más perjuicios que ventajas.

 

No solo nos genera un enemigo más, sino que a eso le tenemos que sumar la pérdida de tiempo, los costes de los abogados y del procurador… Y la mala reputación que puede suponer a nuestra empresa porque, al fin y al cabo, si un trabajador nos ha estafado siempre quedará la duda sobre si nuestra empresa es un descontrol.

 

Así que siguiendo el dicho gitano “Pleitos tengas… y los ganes”, tal vez nos convendría plantearnos si nos merece la pena terminar en el juzgado. Porque muchas veces sí ganamos el pleito, pero esta victoria judicial acarrea un montón de gastos y otros contratiempos con los que no contábamos. Al final, a pesar de tener “la razón” uno se queda con mal sabor de boca y con la paradójica impresión de haber perdido la batalla.

Fuente: Pymes y Autónomos

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