Política y Gobierno
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Una pesadilla económica amenaza España: la estanflación
El peor dato en el peor momento para la economía española. Se dispara el coste de la vida a la vez que se reducen las estimaciones de crecimiento. Sin solución de continuidad se puede pasar de un escenario de Goldilocks, crecimiento sin inflación, al extremo contrario: la estanflación. Ralentización económica y precios al alza que se corresponden, teóricamente, con tipos de interés elevados. La peor pesadilla para cualquier autoridad económica ya asoma la patita.
La verdadera cesta de la compra es la auténtica damnificada. Energía y alimentación. Componentes volátiles descartados como medida principal por algunas autoridades monetarias. Pero que son las que determinan las decisiones de compra de la mayoría de los ciudadanos. Lo contrario es hacerse trampas en el solitario con el fin de justificar una burbuja de liquidez que, cierto es, beneficia también a esos mismos consumidores pero, sobre todo, a los mercados financieros. Hasta que termina la fiesta. Como parece ser el caso actual.
Siendo objetivos, España vive las consecuencias de procesos que se están produciendo a nivel global. Cuando el consumo energético patrio depende en más de un 80% de las importaciones, la correlación entre el precio de entrada, aún con el colchón del euro, y el repercutido al cliente final es ineludible. En el caso de los alimentos, ocurre otro tanto de lo mismo. Las prolongadas sequías en alguno de los principales productores de cereales del mundo, como Australia, unido al incremento de las importaciones por parte de los países antes en vías de desarrollo, han provocado una escasez de oferta que ha disparado los precios. Y es sólo el principio. Tres de los grandes productores que venden en España Panrico, Danone y Pascual- ya advirtieron de subidas en el precio de sus productos cercanas al 10% en su momento.
Sin embargo, cuando el diferencial con la Europa Armonizada es tan alto, lo que indudablemente afecta a la competitividad española frente a sus socios, es momento de hacer examen de conciencia. La espiral de precios es también consecuencia de factores intrínsecos. Excesiva regulación, ausencia de competencia, alto crecimiento de los costes laborales, falta de innovación, mejoras limitadas de la productividad.
Modelo de crecimiento basado en el ladrillo, con un consumo exacerbado al calor de la revalorización inmobiliaria y el recurso a la financiación exterior para pagar la fiesta. Y mientras, la demanda interna, sostén del PIB, a punto del costalazo.
La solución a corto problemática. La pertenencia a una entidad supranacional decisoria en materia monetaria cercena un ámbito de actuación. No cabe la relación de intercambio crecimiento-inflación, tan en boga en Estados Unidos. El aumento de los precios de las materias primas da la sensación que ha venido para quedarse, convirtiendo en estructural lo que nació como fruto de la coyuntura. Y las reformas económicas necesarias para liberalizar la economía e incentivar la innovación y la especialización geográfica necesitan de claridad de ideas, determinación en la proposición y tiempo de ejecución.
El debate se ha de situar, visto lo visto, en el campo de las medidas necesarias para que, desequilibrios como los actuales, no vuelvan a repetirse. Ocupen su localidad. De la realidad al realismo sólo media el desencanto.
Fuente: Cotizalia
