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El talón de Aquiles de la empresa familiar
Ya lo decía Quevedo el mayor despeñadero, la confianza. Y es que cuando uno comparte genes además de responsabilidades muchas veces el resultado no es el más gratificante. La falta de trabajo en equipo y de una comunicación fluida son los dos factores que influyen más negativamente en el funcionamiento de la empresa familiar. ¿Por qué no cambiar esta costumbre?
Las empresas familiares constituyen el núcleo del tejido empresarial español y, en consecuencia, de la riqueza y el empleo que genera la iniciativa privada en este país. Buena parte de ellas son producto de la continuidad de un negocio levantado años atrás por el abuelo de la familia.
De hecho, la gran mayoría de empresas de estas características se encuentra actualmente en manos de la segunda generación, lo que se conoce como sociedad de hermanos. Es decir, tras la jubilación el cabeza de familia le ha pasado el testito a sus hijos, que son los que ahora continúan su estela, con mayor o menor suerte.
Conscientes del peso que los negocios familiares tienen en la economía española, expertos de la firma Garrigues han redactado un libro que aborda de frente esta problemática.
Empresas familiares de hermanos: claves de éxito para el trabajo en equipo, un trabajo que se ha desarrollado gracias a la participación de 200 personas, es la primera investigación de estas características realizada en España que profundiza en las relaciones entre hermanos dentro de la empresa familiar.
La difícil relación entre hermanos
Si de pequeños las peleas por el postre o los juguetes eran más que sonadas, ya en la edad adulta las cosas no varían sustancialmente. De hecho, la gestión de las relaciones entre los miembros de la empresa es el mayor desafío al que enfrentarse a la hora de garantizar la supervivencia de la compañía.
Mientras algunas empresas van sobreviviendo impasibles el paso de los años, otros negocios ven cómo hace aguas su futuro en cuanto se produce el relevo generacional. ¿Dónde reside entonces la clave del éxito y cuáles son los factores que pueden llevar al fracaso?
Según se desprende del libro, la clave es creer en unos valores comunes y mantener la unión ante los problemas. Estos dos puntos permitirán construir un equipo de trabajo cohesionado que lleve a la compañía por el buen camino, por muy fuerte que sople el viento en contra.
Por edades, son los hermanos de 21 a 30 años quienes, a pesar de su juventud, están más convencidos de la interferencia de sus relaciones familiares en el funcionamiento de la compañía.
Los encuestados señalan que los aspectos que dificultan en mayor medida ese buen funcionamiento son la ausencia de valores comunes, las relaciones conflictivas con familiares políticos y la mayor dependencia de los padres a la hora de resolver problemas.
Sin embargo, Manuel Pavón, al frente de un equipo de expertos con muchos años de experiencia en la problemática de la empresa familiar, cree que la influencia del familiar político no es determinante si la relación entre hermanos es buena.
Por eso recomienda evitar en la medida de lo posible el conflicto y adoptar una serie de medidas, como establecer un código de conducta en el que se defina el papel del familiar político en la empresa, organizar una reunión anual en la que participen los cónyuges para que éstos puedan sentirse implicados y no llevar los problemas a casa.
Los padres, elemento clave para el éxito
El estudio también incluye una serie de consejos para los padres, que pueden ser determinantes si son respetuosos con las diferencias entre sus hijos y son capaces de reconocer los esfuerzos que cada uno de ellos puede aportar a la continuidad del negocio.
Sin dudas, el primer paso para el éxito radica en que los hermanos tengan una buena relación en la empresa familiar para que sean capaces de trabajar en equipo y aquí los padres desempeñan un papel muy importante.
En ese sentido, es importante fomentar que los hermanos compartan un código de valores y creencias, disfruten del tiempo que pasan juntos, tengan espacios de encuentro frecuentes que les permitan fortalecer sus vínculos y funcionen como un equipo cohesionado, en el que se tomen las decisiones de forma participativa.
Si para ganar un partido la unión de los miembros hace la fuerza, en el caso del mundo empresarial esta máxima cobra todavía mayor significado. Porque remar cada uno en diferentes direcciones no solo resulta agotador sino que puede hacernos fracasar en el intento.
Fuente: Garrigues
