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Apuesta por productos que tus clientes no quieran reemplazar al año siguiente

Vivimos en una sociedad donde prima la cultura del “usar y tirar”, que renueva y se deshace cada cierto tiempo de las cosas que usamos en el día a día y que obliga a diseñadores y fabricantes a innovar constantemente. Pero, ¿quién no tiene en su casa algún objeto que ha ido pasando de generación en generación y que resiste inalterable el paso del tiempo?

 

El precio, la durabilidad, la belleza, la funcionalidad o el valor sentimental hacen que nos resulte más difícil deshacernos de un determinado objeto, con la ventaja implícita que esto supone: evitar su sustitución por otro equivalente que tendrá que ser fabricado, almacenado, transportado y comercializado.

 

En inglés, la palabra "Heirloom" hace referencia a ese tipo de productos que, bien por su valor económico o sentimental, pasan de padres a hijos y se salvan de terminar en la basura. Saul Griffith, un investigador nostálgico de los objetos con sabor a infancia, propone lo que denomina el “Heirloom Design”, una cultura de diseño sostenible basada en la durabilidad, el atractivo y la calidad de los objetos.

 

Adiós a la cultura del usar y tirar

 

Un concepto poco atractivo para el modelo económico actual, basado en la búsqueda del máximo consumo, pero que puede abrir las puertas a nuevos modelos de negocio más sostenibles y rentables, en una sociedad cada vez más preocupada por el desarrollo sostenible y con una marcada conciencia medioambiental.

 

Marcas como Rolex y Montblanc o productos con una seña de identidad propia como las funcionales navajas del ejército suizo, muy alejadas de esos productos de lujo, han forjado desde hace años una táctica empresarial basada en la durabilidad. Y a juzgar por sus cuentas no parece que el negocio les vaya del todo mal.

 

Algunas empresas como la marca de ropa británica Howies, ya han empezado a adoptar esta filosofía como fruto de una estrategia comercial, que se basa en la creciente preocupación ciudadana por el medioambiente y que adquiere mayor importancia con la actual crisis económica.

 

Nuevos retos para tiempos de crisis


Con la actual coyuntura económica internacional, consumidores y empresarios hacen sus cuentas para poder llegar a fin de mes. Cambiar el chip del consumo irracional y desmedido por el de productos que resistan el paso del tiempo y que la gente no quiera reemplazar por otros nuevos puede resultar altamente interesante para ambas partes.

 

Para el consumidor: porque cubre sus necesidades con menor inversión; y para la empresa, porque reduce sus gastos de diseño del producto, fabricación, almacenaje, distribución y venta. La durabilidad no es un concepto nuevo. En teoría, si un producto permanece mucho tiempo en el mercado es porque existe una demanda real y no es necesario reemplazarlo por otro.

 

El truco está en que sea el consumidor quien tenga el deseo de seguir teniendo ese objeto y, para ello, es necesario crear objetos duraderos, funcionales y atractivos, tanto para sus consumidores actuales como para las generaciones venideras.

Fuente: Euskadi+innova

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