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La importancia de medir nuestra reputación en la Red

Seamos o no conscientes de ello, todos tenemos una reputación. Y esta opinión del consumidor y del cliente se hace cada vez más patente y cobra mayor fuerza en Internet. Un arma de doble filo, que puede ayudarnos tanto a elevarnos al Olimpo de los mejores negocios como perjudicarnos seriamente por los ataques o usos fraudulentos de nuestra imagen o nuestra seña comercial.

 

Cada vez que tecleamos nuestro nombre o el de nuestra empresa en Google, Twitter, Facebook o cualquier otra de las innumerables fuentes de información existentes en Internet (especialmente las redes sociales) accedemos a la base sobre la que se cimienta nuestra reputación on-line.

 

En un mundo donde cada vez es más frecuente recurrir a este tipo de servicios para informarse sobre empresas y productos, conviene cuidar al máximo los comentarios que se publican en Internet, muy especialmente si alguien está actuando ilegalmente en nombre de nuestra empresa.

 

Para no llevarnos sorpresas desagradables (especialmente si somos autónomos o “freelancers”), es importante descubrir y monitorizar nuestra reputación en la Red. Un rastreo on-line que nos puede ayudar a controlar nuestra imagen pública y a tomar las acciones pertinentes si somos objeto de ataques injustificados.

 

Un reciente artículo publicado en Freelance Folder “Por qué necesitas monitorizar tu reputación online” (Why You Need to Monitor Your Online Reputation), apunta en esta dirección. Entre sus muchos consejos destaca una serie de trucos para conocer nuestra reputación on-line y las claves para actuar si detectamos prácticas que nos perjudican.

 

 

Infórmate para conocer al enemigo

 

El punto de partida es determinar qué tipo de información se puede encontrar en Internet sobre nuestra persona, acerca de nuestra empresa o de nuestros productos. Cada vez que realizamos una búsqueda aprendemos tres cosas importantes: qué dice la gente de nuestro negocio, si alguien está aprovechándose de nuestro trabajo de manera ilegal y si estamos siendo víctimas de una suplantación de identidad.

 

Evidentemente, no hay nada más perjudicial para nuestra reputación que un cliente insatisfecho. Con las facilidades que da Internet es muy probable que cuente su experiencia (positiva o negativa) a su red de contactos y que estos vayan transmitiendo esa información de boca en boca, provocando un efecto "bola de nieve". Si nos mantenemos informados podremos neutralizar las opiniones desfavorables, mejorar nuestros servicios y detectar posibles bulos que dañan nuestra imagen.

 

Desgraciadamente, esta facilidad en el uso de las TIC también pone sobre la mesa otro gran enemigo: el plagio. Diseñadores, escritores o periodistas se enfrentan a diario al famoso “copy/paste” en el que lo más habitual es que no se citen fuentes. Si no quieres que otros se beneficien de tu trabajo gratuitamente, te conviene estar informado de si alguien está apropiándose de tus ideas.

 

Pero lo que realmente es grave es descubrir que otra persona o empresa están usando tu nombre o productos sin tu permiso. ¿Estamos seguros de que somos los únicos que lo están utilizando? ¿Cómo sabemos que otros no se han apropiado del nombre de nuestra empresa? Aunque lo más probable es que la utilización de un mismo nombre sea una merca coincidencia, en ocasiones se da una clara voluntad de obtener un beneficio económico o, simplemente, desprestigiar a la competencia.

 

 

¿Cómo actuar cuando no nos gusta lo que vemos?

 

Como cada situación es diferente y requiere métodos de actuación distintos, también son posibles distintas reacciones, que podríamos agrupar en tres: pasar de las opiniones, coger el toro por los cuernos y lanzar un S.O.S. para que otros acudan en nuestra ayuda.

 

1. Ignorar el problema

 

En un primer momento, si descubrimos que alguien está publicando datos falsos sobre nosotros/nuestra empresa o está plagiando nuestro material, podemos optar por ignorarlo. Puede que con el paso del tiempo, la práctica desaparezca por sí sola o que sean otros internautas los que hagan saltar la liebre y le pongan en evidencia. Esta es la mejor reacción cuando la reputación de quien actúa es baja o no está considerada como demasiado fiable por el resto de la comunidad en la que se mueve.

 

2. Enfrentamiento

 

Si ignorar al infractor no funciona, podemos plantearnos contactar directamente con la persona o empresa en cuestión y solicitarle, de manera cortés que modifique su opinión, que retire los contenidos copiados, que nos cite como fuente o nos conceda el derecho de réplica. Esta última opción es especialmente legítima cuando la denuncia que se vierte sobre nosotros tiene visos de credibilidad o, incluso, si algunos de sus aspectos son ciertos.

 

Pero antes de sacar la artillería pesada lo mejor sería hablar con el cliente insatisfecho para corregir nuestro error y transformar una inicial visión negativa de nuestros productos o servicios en un voto a favor por parte del damnificado.

 

3. Pedir ayuda

 

Si somos incapaces de solucionar el problema por nuestra cuenta lo mejor es pedir ayuda. En Estados Unidos, donde el uso de Internet está muchísimo más extendido que en España, existen compañías que se dedican exclusivamente a gestionar nuestra reputación on-line y sancionar los rumores o falsas informaciones que circulan sobre nosotros o nuestra empresa.

 

También podemos contactar con agencias de marketing y comunicación, especialistas en generar opinión, que pueden ayudarnos cuando tenemos que enfrentarnos a un problema serio. Y si todos estos pasos siguen sin tener resultado, el último cartucho es acudir a un despacho de abogados para actuar legalmente.

Fuente: MuyPymes

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