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Cómo hablar en público y no sufrir en el intento
¿Quién no ha sentido una sensación de pánico cuando ha tenido que dirigirse a un grupo de ojos expectantes? En la mente humana el miedo a hablar en público es una de las fobias más comunes. Aunque no hay fórmulas mágicas para superar el nerviosismo, sí se pueden seguir unas reglas de oro que hagan más llevaderas y eficaces nuestras presentaciones públicas.
Para echar una mano a los profesionales con pánico escénico, en 1998 Pascale Bang-Rouhet fundó ExpresArte, un particular programa de formación que tiene al teatro como principal protagonista y que interpreta la vida como un gran escenario. De esa experiencia ha surgido el libro ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público? Comprenda su miedo escénico y cómo controlarlo (Alienta Editorial), una guía en la que se muestran las claves para que hablar ante un auditorio o realizar una presentación delante de un cliente no se convierta en una pesadilla.
Conseguir las dotes de orador de Barack Obama no es cuestión de suerte ni fruto del toque de una varita mágica. Detrás hay muchas horas de trabajo y un grupo de profesionales y asesores que saben qué se debe hacer, el momento adecuado de decir cada palabra o de realizar cada gesto. El truco está en saber cómo plantarle cara a los nervios.
Como cada persona es diferente, no se puede aplicar una fórmula maestra, pero sí seguir unos consejos prácticos que nos ayuden a conocer cuál es nuestro papel dentro del gran teatro del mundo, del que tanto hablaba Calderón de la Barca. Y en ese teatro mental cada persona debe tener confianza en sí misma y convencerse de que hablar en público puede ser una experiencia muy enriquecedora.
¿Cuáles son los pasos para lograr ser un orador de primera? Pascale Bang-Rouhet los resume en siete puntos, todo un proceso que seguido pausadamente puede ayudarnos mucho. El control del nerviosismo sobre todos los recursos del lenguaje verbal y no verbal es el primer paso para conseguir una comunicación eficaz y un auditorio entregado:
1. Preparación antes de salir. Preparar el contenido de nuestras presentaciones e intervenciones es muy importante, pero pueden hacernos naufragar si no las hemos ensayado previamente. Prepararnos para el público al que vamos a dirigirnos y desarrollar estrategias que nos aplaquen los nervios son fundamentales para que nuestro mensaje no pierda su eficacia.
2. Controlar la postura. Desde cómo caminamos al entrar en la sala -apoyando la punta, el tacón o todo el pie- hasta la postura con la que nos plantamos ante el público Cada gesto comunica, especialmente en estos tiempos en los que el público es muy visual y todo nos entra por los ojos. Adoptar una postura anclada, apoyados en el suelo con los dos pies y con la espalda erguida son determinantes, explica Pascale.
3. Los gestos adecuados y los gestos parásitos. Los gestos reflejan nuestro estado de ánimo y, si a menudo pueden echarnos un capote para salir airosos de situaciones comprometidas, en ocasiones pueden traicionarnos. Es una reacción inconsciente para proteger nuestro territorio personal, algo natural a lo que no debemos temer. Aprender a gesticular de modo que brazos y manos dibujen las palabras y subrayen el significado que queremos darles pueden darle más valor a nuestro discurso. Por el contrario, tener un bolígrafo en la mano, tocarse el pelo o mover un anillo son gestos parásitos que no aportan nada y despistan a nuestros destinatarios.
4. La respiración o cómo hablar sin ahogarse. Los nervios suelen traducirse en una respiración alta, lo que provoca un ritmo acelerado de nuestro corazón y hace que nuestro tono de voz sea más bajo. El truco para combatirlo es practicar la respiración abdominal.
5. La cara, reflejo de las emociones. El público se mantiene expectante cuando escucha a un orador y necesita emociones para mantener su nivel de concentración. Hacer un buen uso de los factores emotivos es importante para que el mensaje llegue con más intensidad.
6. La voz. Y todo lo que lleva aparejado, el volumen, la entonación... Aunque parezca fácil, elevar el tono de voz en estos casos puede convertirse en una auténtica misión imposible porque la boca está muy cerca del oído y podemos tener la sensación de gritar. Es necesario cambiar el chip porque si la sala es grande elevar la voz es la única manera de que todos nos oigan. Pero, ¿cómo se potencia? Con la respiración adecuada.
7. Eficaz manejo de las pausas y los silencios. Cuando hablamos, anticipamos las palabras en nuestra mente y, como además queremos acabar lo antes posible, nos aceleramos, lo que quita impacto al mensaje. Utilizar pausas y silencios para crear expectativa y suspense y mantener en vilo al auditorio potencia la concentración del público.
Fuente: Negocios.com
